Miércoles 13 de Octubre de 2021 | Matutina para Adolescentes | Misionero de la puerta para afuera

Misionero de la puerta para afuera

“Por eso tuve miedo, y fui y escondí su dinero en la tierra” (Mat. 25:25).

El estereotipo del misionero muchas veces no tiene nada que ver con la labor real. Nos imaginamos a los misioneros como personas aventureras, tan raras como un perro verde. Por lo general son médicos, maestros o predicadores, y durante sus viajes han contraído las más diversas enfermedades. A mucha gente le atrae esta idea romántica porque están deseosos de salir de la rutina. Pero ir a un país pobre a alimentar a los huérfanos no te convierte en misionero. Si no usas tus talentos y dones espirituales aquí y ahora, ningún viaje a tierras lejanas accionará el interruptor para que cambies. La pregunta es: ¿Qué estás haciendo actualmente para emplear tus talentos? Tal vez te sorprenda saber que muchos misioneros afinaron sus habilidades en casa.

Piensa en tu vecindario. ¿Le has testificado a alguien? ¿Has servido a tu comunidad? El campo misionero no se limita a países exóticos, sino que comienza apenas sales de la puerta de tu casa. Es cierto que hay pocos o ningún caníbal donde vives, pero tu vecindario continúa siendo un campo misionero.

Salir a llevar a cabo la obra misionera es estar dispuesto a salir de tu comodidad, lo cual puede ser a tan solo una cuadra de tu casa. Ser misionero no es un cargo, sino una práctica.

“Así que somos embajadores de Cristo, lo cual es como si Dios mismo les rogara a ustedes por medio de nosotros. Así pues, en el nombre de Cristo les rogamos que acepten el reconciliarse con Dios” (2 Cor. 5:20). Tu labor como cristiano consiste en llevar el mensaje del evangelio, reconciliar a otros con Cristo. El objetivo no es coleccionar souvenirs, sino llevar a las almas a los pies de Jesús.

Hay quienes siguen convencidos de que en ese lugar misionero remoto es que van a poner en práctica sus talentos. Es como decir que uno se hace experto espadachín una vez que lo apuñalan. Lamentablemente, algunos misioneros se equivocan en esto y el resultado es una mala experiencia para el misionero y para aquellos que necesitaban de un servidor comprometido.

Cuando se te presente la oportunidad de llevar a cabo la obra misionera, no entierres tu talento ni pongas evasivas. Comienza a utilizar tus talentos ahora mismo con los que te rodean. Y recuerda que estas oportunidades no miran hora, lugar ni ubicación. Cuando llegues al cielo, te sorprenderá cómo un alma salvada en Irán lucirá exactamente igual que otra salvada en México.

BP

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