Domingo 07 de Agosto de 2022 | Matutina para Mujeres | Bella e imperfecta

Bella e imperfecta

“Tú creaste las delicadas partes internas de mi cuerpo y me entretejiste en el vientre de mi madre. ¡Gracias por hacerme tan maravillosamente complejo! Tu fino trabajo es maravilloso, lo sé muy bien” (Sal. 139:13, 14, NTV).

¿Cuáles son las mentiras que crees acerca de tu cuerpo o de tu imagen? Muchas pensamos que, para ser hermosas, tenemos que tener la piel perfecta, sin estrías ni arrugas. Otras creemos que solo cuando bajemos de peso podremos mirarnos al espejo sin rechazar lo que vemos. Heather Heart también creía una poderosa mentira acerca de su cuerpo.

Cuando era niña, fue diagnosticada con retinoblastoma, un tumor maligno que afecta la retina. Para salvar su vida, los doctores tuvieron que reemplazar su ojo derecho con un ojo prostético. Sin embargo, el ojo prostético no se veía real y Heather pensó que así jamás podría ser bella. Pasó años pidiéndole a Dios que la sanara. En Body Image Lies Women Believe [Mentiras que las mujeres creen sobre la imagen corporal], Heather escribe: “Finalmente, dejé de pedirle a Dios que me sanara, pero aún no creía que pudiera ser hermosa. ¿Cómo podía serlo? Claramente podía ver en el espejo que no era perfecta, y solo las personas perfectas son bellas, ¿verdad?”

¿Es posible ser imperfecta y bella al mismo tiempo? ¿Podemos aprender a amar el cuerpo que tenemos, más allá de lo que diga la moda o las redes sociales? Imagina cuán trágico sería pasarnos la vida entera esperando que nuestro cuerpo se viera de una manera determinada antes de poder apreciarlo. ¡Qué amor tan condicional sería ese! Si lográsemos vernos al espejo, llenas de amor incondicional por el cuerpo que Dios nos dio, ¿qué descubriríamos? No estoy diciendo que ignoremos nuestra salud, o que no intentemos deshacernos de esos fastidiosos puntitos negros en la punta de la nariz.

Me refiero a que debemos entender que, ante todo, nuestro cuerpo es un milagro en continuo movimiento. Estoy hablando de mirarlo con gratitud y gracia, no con crueldad y crítica. Este complejo conjunto de células y órganos me permite abrazar, reír y cantar. Mi cuerpo es fundamental e irrevocablemente bello.

El número en la balanza no te define. Tampoco lo hacen las arrugas junto a tus ojos, ni las estrías ni las várices. Dios te define. Cuando te mira, Dios se deleita en tu belleza (Sal. 45:11). Ante sus ojos, tú tienes gran estima, honor y amor (Isa. 43:4). Hoy, cuando te mires al espejo, recuerda cómo te ve el Señor.

Señor, ayúdame a descubrir y a renunciar a las mentiras que creo acerca de mi cuerpo. Enséñame a verme como tú me ves; a amar mi cuerpo incondicionalmente. Gracias por haber formado mi cuerpo de una manera tan maravillosa.

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