Domingo 28 de Noviembre de 2021 | Matutina para Mujeres | Un toque especial

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Un toque especial

“A uno de ellos le entregó cinco mil monedas, a otro dos mil y a otro mil: a cada uno según su capacidad” (Mat. 25:15).

Más de una vez, me he quedado asombrada ante la manifestación magistral de un talento. Recuerdo, por ejemplo, una ocasión en la que escuché conmovida a un niño de apenas cuatro años de edad arrancar melodías hermosas a un viejo piano, como si fuera una cascada de armonía que descendía del trono de Dios. ¡Qué talento! He visto a personas, y seguramente tú las hayas visto también, hacer cosas maravillosas usando sus manos para pintar, modelar, tocar un instrumento, tejer, dibujar o crear una artesanía, entre otras expresiones artísticas. También hay personas que tienen voces virtuosas, pues de ellas nacen cantos que arroban el alma y deleitan los oídos más refinados. Y otros no menos virtuosos realizan proezas men­tales memorizando fechas, números, datos, nombres, sucesos y palabras. 

A estas manifestaciones las llamamos “talentos”, y de las personas que las tienen decimos que son personas talentosas, con dones o capacidades es­peciales. La palabra “talento” proviene del latín talentum, que era el nombre que se le daba a una moneda de oro. Me gusta pensar que, cuando Dios nos creó, nos dio como legado esas “moneditas de oro” que son, en realidad, capaci­dades para hacer cosas. Todas, absolutamente todas, hemos sido tocadas por Dios y poseemos talentos que, como parte de la búsqueda de sentido en la vida, es necesario desarrollar poniéndolos al servicio de los demás para nues­tro crecimiento y, sobre todo, para glorificar a Dios. 

Tal vez tu realidad te ha llevado a pensar que no tienes ningún talento; tal vez has recibido tantos mensajes negativos respecto a tu falta de capaci­dades, o tal vez te has convencido a ti misma de que no tienes ningún talento. Frases como “no haces nada bien”, “no sirves para nada”, “eres una inútil” o “eres un fracaso”, son algunos de los mensajes que a veces recibimos y que nos hacen dudar de nosotras mismas e incluso creer que, cuando Dios nos creó, fue parcial y arbitrario. Pero ¿sabes? Ese no es un concepto bíblico. Dios nos da talentos a todos, para que los usemos en su obra. Que otros no los sepan valorar no significa que no los tengamos. 

Nadie puede hacerte sentir inferior sin tu consentimiento. Lo que Dios pien­sa de ti está por encima de lo que las personas te digan.

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