Lunes 12 de Diciembre de 2022 | Matutina para Adultos | Más y más

Más y más

“Dijo Moisés: ‘Te ruego que me muestres tu gloria’ ” (Éxodo: 33, 18).

¿Ver la gloria de Dios? ¿En qué estaba pensando Moisés cuando hizo este pedido? Nadie antes de él se había atrevido a tanto. Pero tan sorprendente como el pedido, es el hecho de que Dios no lo reprendió. ¿Por qué?

Porque para el momento de su súplica, la vida de Moisés “estaba en armonía con la voluntad de su Hacedor” (Patriarcas y profetas, p. 339). Además, porque lo que Moisés estaba pidiendo era, básicamente, tener una comunión más estrecha con Dios, al percibir la solemnidad de la tarea que tenía por delante.

¡Qué interesante! ¿Será que también tú y yo podemos pedir a Dios que nos permita ver al menos el resplandor de su gloria? La respuesta la tenemos en ese mismo capítulo 33 del Éxodo. Ahí se relata la ocasión en la que Dios le dice al patriarca que, en lugar de su presencia, enviará a un ángel para que los acompañe en su viaje por el desierto (Éxo. 33:1-17). ¿Cómo reacciona Moisés a esa noticia? Según Jon L. Dybdahl (The Abundant Life Bible Amplifier, Exodus, p. 256), primero Moisés hace dos declaraciones (ver Éxo. 33:12).

“Mira, tú me dices: ‘Saca a este pueblo’, pero no me has indicado a quién enviarás conmigo”. En otras palabras: “Señor, ¿no crees que deberías ir conmigo?”

“Tú dices: ‘Yo te he conocido por tu nombre y has hallado también gracia a mis ojos’”. O sea: “Señor, si tú has dicho estas cosas buenas de mí, entonces…”

Entonces vienen los dos pedidos (vers. 13):

“Te ruego que me muestres ahora tu camino”. Cuando Dios le concede su petición (vers. 17), Moisés no se da por satisfecho. Todavía falta algo.

“Y mira que esta gente es tu pueblo”.

¿Viste lo que hizo? Cuando el pueblo peca, Moisés intercede para que Dios los perdone. Cuando el Señor asigna a un ángel para que los guíe por el desierto, pide que sea la misma presencia divina la que los acompañe. Y cuando se le concede su petición, ¡entonces pide ver la gloria de Dios! O sea, pide cada vez más.

¿Cuál es la lección? La lección es que…

“Es nuestro privilegio elevarnos más y más en busca de revelaciones más claras del carácter de Dios. […] En su luz veremos luz, hasta que la mente el corazón y el alma estén transformados a la imagen de su santidad” (El ministerio de curación, p. 334).

Padre celestial, hoy anhelo tener más y más de tu Santo Espíritu más y más de tu amor y tu carácter; hasta que mi alma sea trasformada a la imagen de tu santidad.

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