Matutina para Adultos | Jueves 20 de Febrero de 2025 | Oraciones amenazadas

Matutina para Adultos | Jueves 20 de Febrero de 2025 | Oraciones amenazadas

Oraciones amenazadas

«Pero tú, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en secreto» (Mat. 6; 6).

S. Lewis escribió una parábola, no exenta de humor, que pone de relieve cuáles en ella, los agentes del infierno han confiado a un pobre diablo novato su primera misión en este mundo. Debe ocuparse de hacer caer de su fe a un joven creyente, naturalmente bueno y excepcionalmente sano.

El muchacho está viviendo una vivencia espiritual muy auténtica. Es un caso tan difícil que el novicio tiene que recurrir a su tío, un demonio muy experto, para que lo ayude. El libro recoge la supuesta correspondencia entre ambos.

El tío recomienda al diablo que concentre sus ataques precisamente en torno a la oración. Se trata de obstaculizarla según la siguiente estrategia:

En primer lugar, debe procurar que el joven no encuentre tiempo para orar. Que esté tan ocupado, haciendo cosas incluso buenas, que siempre tenga en mente la realización de otras tareas. Y que, cuando ore, tenga tanta prisa por terminar, que su oración sea lo más rápida y rutinaria posible, de modo que no llegue a ponerse en contacto real con el «Enemigo», puesto que si entra en comunicación real con Dios no hay demonio que pueda con él.

En segundo lugar, si no consigue que el joven deje la costumbre de orar, debe procurar que pierda las ganas. Que se sienta cansado, o desanimado, de modo que posponga la oración para otro momento.

Finalmente, si a pesar de todo el joven sigue orando, el diablo ha de procurar distraerlo como sea, para que no llegue a concentrarse (Cartas del diablo a su sobrino, Madrid: Rialp, 1993, págs. 35-38).

¿No están nuestras oraciones amenazadas por los mismos riesgos? Falta de tiempo, falta de ganas y falta de concentración. ¿No son acaso estos también, alguna vez, nuestros problemas?

Imaginemos un amigo que casi nunca desea hablarnos y que, encima, cada vez que lo hace, pierde el hilo de la conversación o no se entera de lo que le contamos. ¿Se lo aguantaríamos mucho tiempo? En cambio, esta actitud que nos parece insoportable en nuestras relaciones humanas corre el riesgo de infiltrarse en nuestras relaciones con Dios.

Cuando descuidamos la oración, por la razón que sea, no tenemos conciencia de lo que perdemos. Sencillamente, nos estamos privando de uno de nuestros mayores privilegios. Nuestra vida puede seguir aparentemente bien. Pero le faltarán profundidad y poder, porque estaremos excluyendo de nuestra experiencia lo que más necesita para ser realmente victoriosa.

Señor, perdona mis «despistes» y no me dejes.

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