Matutina para Mujeres, Domingo 09 de Mayo de 2021

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Sean puras

“Hagan, pues, morir todo lo que hay de terrenal en ustedes: que nadie cometa inmoralidades sexuales, ni haga cosas impuras, ni siga sus pasiones y malos deseos, ni se deje llevar por la avaricia (que es una forma de idolatría)” (Col. 3:5).

Hoy en día, la pureza es un rasgo de carácter muy poco apreciado. Sin embargo, es de vital importancia para la mujer cristiana. La pure­za es un atributo del carácter de Dios y tiene que ver con la trans­parencia, la limpieza y la pulcritud. No tiene que ver de manera exclusiva con aspectos relacionados a la conducta sexual, sino que abarca todo el ser y todo el actuar de una persona. La pureza es una clara manifestación de nues­tra moralidad.

Cuando la Biblia dice “dichosos los de corazón limpio, porque verán a Dios” (Mat. 5:8), está haciendo referencia a esas personas que entrenan su voluntad para ponerla en armonía con la de Dios, cuidando sus pensamien­tos más íntimos, sus emociones y sus acciones. 

La pureza es, en realidad, un estilo de vida. En la vida de la mujer pura no hay hipocresía, lujuria, inmundicia, impudicia ni corrupción. No te asus­tes si crees que no llegas a ese ideal; está claro que en un mundo espiritual y emocionalmente impuro como es el nuestro, este parámetro pudiera pare­cernos difícil de alcanzar, y quizá lo sea, pero no es imposible. Todo depende del poder de Dios, de nuestra relación con él y de su Espíritu actuando en nosotras.

Es bueno poner un cerco de protección a nuestro quehacer diario cuidan­do lo que entra por nuestros sentidos; es decir, lo que nos complace escuchar, mirar, saborear y tocar. Es necesario vigilar el tono de nuestras conversacio­nes y ser celosas en lo que respecta a nuestra conducta, tanto pública como privada.

Deshonramos a Dios y rebajamos nuestra naturaleza cuando permitimos que la imaginación se espacie en fantasías sexuales, creyendo que es algo ino­cente que no daña a nadie. Es por esa rendija de la mente que Satanás toma posesión de todo lo que somos y hacemos. La neurociencia afirma que la conducta moral es una cualidad intrínseca en nuestra naturaleza, y cómo no creerlo si hemos sido hechos a imagen y semejanza de Dios. 

Para conservar tu pureza, te recomiendo practicar lo siguiente: 

  • Espacia tu mente en pensamientos nobles y santos.
  • Honra a Dios con tu mente y con tu cuerpo. 
  • Evita conversaciones vulgares. 
  • Prohíbete participar en prácticas inmorales.
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