Miércoles 14 de Diciembre de 2022 | Matutina para Jóvenes | Escondidos en su tabernáculo

Mocoa hoy

Escondidos en su tabernáculo

«Él me esconderá en su Tabernáculo en el día del mal; me ocultará en lo reservado de su morada; sobre una roca me pondrá en alto». Salmo 27: 5, RV95

Cada una de las expresiones del Salmo 27 nos presentan los fieros enemigos y seres malvados que procuran destruir al rey David utilizando todos los métodos posibles, como la calumnia y la violencia. David los compara con bestias salvajes y con un ejército que acampa a su alrededor con la firme intención de destruirlo. Pero a pesar de los peligros, vemos a David escribiendo el Salmo 27 con una tranquilidad y calma que no deja de sorprenderme. Es una confianza madura, firme y aleccionadora que proviene de un conocimiento profundo del Dios del cual depende.

La expresión «tabernáculo» o «morada», que aparece en el ver­sícu­lo 5, se refiere a una tienda transportable. David evoca una figura a la que él está acostumbrado. Durante la batalla, la carpa del rey se levantaba en el centro del ejército, rodeada permanentemente por una guardia de hombres poderosamente armados. David, que era un guerrero experimentado, mediante esta figura nos está diciendo: en tiempos de dificultad, Dios me ampara en su tienda real. Él es mi protección, es mi torre fuerte.

Ese Dios estará a nuestro lado para resguardarnos en todas las dificultades o peligros que podamos enfrentar. Así pasó con Sebastián cuando la naturaleza de manera incontrolada e inmisericorde atacó a la población de Mocoa y la destruyó completamente.

Sebastián fue el único sobreviviente de su hogar. Vivía en la parte alta del barrio Los Pinos. En medio de la avalancha salió de la vivienda de la mano de su progenitor cuando el agua les llegaba a las rodillas. Corrieron hasta una loma que estaba cerca para intentar resguardarse, pero ya el río Mocoa y sus afluentes, Sangoyaco y Mulatos, se habían desbordado y los alcanzaron.

Esa fue la última vez que vio a su padre. Como pudo, el niño se aferró a unos palos en una orilla y escapó de las aguas turbias.

No sabe cuánto tiempo pasó hasta que escuchó voces a lo lejos. Se arrastró varios metros, luchando contra el lodo, las piedras y los palos hasta que fue avistado por algunas personas que vivían cerca de su desaparecido hogar.

Sebastián hoy está convencido de que el Señor lo llevó a su tienda real y allí lo protegió. Hoy tú puedes hacerle frente a cualquier desafío si antes procuras refugiarte en la morada del Señor. @Jesús te dice hoy: «Mi amor y mi misericordia son el escudo que te protegerá de todo peligro. Confía en mí hoy».

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