Miércoles 19 de Enero de 2022 | Matutina para Menores | Volar a ciegas

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Volar a ciegas

“Me guías con tu consejo, y más tarde me acogerás en gloria” (Salmo 73:24, NVI).

¿Has viajado en avión alguna vez? ¡Qué lindo es volar! El ser humano siempre ha estado fascinado con volar. Tal vez sea por eso que muchas personas sueñan con ser pilotos de avión. Para ser piloto, por supuesto, hay que cumplir muchos requisitos.

Los pilotos de avión profesionales tienen un entrenamiento muy exigente. Deben pasar pruebas físicas, exámenes escritos de cómo se vuela un avión, muchas horas en simuladores de vuelo y, por supuesto, muchas más horas en vuelos reales, primero con instructores y luego como pilotos.

Pero los aviones de hoy son muy distintos a los aviones que construyeron, allá por el año 1900, los hermanos Wright. En ese tiempo era mucho más difícil volar. De hecho, al principio, ¡los hermanos Wright tenían que hacer equilibrio en el avión para que no se fuera a pique! Hoy los aviones están llenos de palanquitas, botones, reguladores, sensores, y ¡quién sabe cuántas cosas más! Son sofisticadas computadoras que casi, casi, pueden volar solas.

Parte del entrenamiento de un piloto es enseñarle a confiar en sus instrumentos de vuelo. Los pilotos que han volado en condiciones climáticas que hacen difícil poder ver por dónde van saben que, en caso de duda, no deben confiar en lo que creen que ven, o en lo poco que ven, sino en sus instrumentos. Ha habido casos en los que, luego de horas de vuelo, el cielo y el océano se confunden, y algunos pilotos se convencen de que sus instrumentos deben estar errados, cuando los errados son ellos. Puedes imaginarte cómo terminan los aviones…

Nuestra vida espiritual se parece un poco a esto de volar a ciegas. En este mundo no vemos con claridad, y podemos confundirnos muchas veces. Pero, si con los ojos de la fe miramos nuestros “instrumentos de vuelo”, podemos estar seguros de que volaremos a salvo por el cielo de nuestra vida.

Si buscas en la Palabra de Dios su voluntad para tu vida, si oras pidiendo al Señor que guíe tus decisiones, grandes y pequeñas, no te confundirás aun cuando no veas bien tu cielo al volar, o sea, cuando no sepas qué hay en tu futuro. Que los consejos de Dios, quien te creó y te cuida cada día, te guíen en el vuelo de tu vida, hoy y siempre, al seguro aeropuerto del cielo.

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