Sábado 07 de Enero de 2023 | Matutina para Mujeres | El miedo de los siervos de Abimelec

El miedo de los siervos de Abimelec

A la mañana siguiente Abimelec se levantó y llamó a todos sus siervos, y claramente les repitió todas estas palabras. Esto les provocó mucho miedo. Génesis 20:8; RVC.

Abraham mintió al rey de Gerar, Abimelec, acerca de su esposa Sara para preservar su vida en un pueblo que le había brindado hospitalidad. Cuántas veces, en un momento de angustia, podríamos cometer el mismo error de Abraham, quien no aprendió su lección y era la segunda vez que hacía uso de la mentira, o verdad a medias, para protegerse.

“No era esta la primera ocasión en la cual Abraham había pretendido que Sara era su hermana. Casi parecería que era su práctica usual, pero que hasta entonces Egipto había sido el único lugar donde el ardid produjo dificultad… Cualquiera hubiera sido el caso, se aproximaba rápidamente el tiempo del nacimiento del heredero prometido, y Satanás se aprovechó de la debilidad de Abraham para torcer el plan divino” (1CBA, p. 353).

Abimelec tomó a Sara por esposa, tradición que a menudo seguían los reyes. Pero Dios le mostró en sueños que Sara era una mujer casada. Al parecer, a pesar de que este era un rey filisteo, poseía principios morales, porque en cuanto se enteró que era casada, decidió no tener intimidad con ella. No es de extrañar que Dios alabe la integridad de este rey (Gen. 20:6).

Abimelec no solo confiesa su acto y pide perdón, sino que también reúne a todos sus siervos y les cuenta lo sucedido: encomiable ejemplo de liderazgo. Asumir responsablemente nuestros actos es heroísmo y humildad al mismo tiempo. El miedo de los siervos del rey que se menciona en el texto de hoy podría interpretarse como reverencia o respeto. La actitud responsable y humilde del rey fue imitada por sus siervos. Abimelec también reparó el agravio cometido dándole a Abraham vacas, ovejas, siervos, y poniéndole la tierra a su disposición (vers. 14-16). Dios evitó que este rey cometiera el pecado de la impureza sexual.

Cuando pecamos no solo hemos de reconocer y confesar el pecado, sino también vindicar el mal que hemos hecho. Cuando estés en alguna tentación, sea cual fuere, no importa cuán intensa e irresistible parezca, clama a Dios. El mismo Dios que previno a este rey pagano de pecar, está hoy dispuesto a evitar que cometas un pecado y luego coseches las consecuencias; y no solo tú, sino la gente inocente que depende de tu ejemplo y dirección.

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