Viernes 02 de Diciembre de 2022 | Matutina para Mujeres | La pequeña gigante

Preva Devanandam

La pequeña gigante

“Y el Rey dirá: ‘Les digo la verdad, cuando hicieron alguna de estas cosas al más insignificante de estos, mis hermanos, ¡me lo hicieron a mí!’ ” (Mat. 25:40, NTV).

Un enjambre de motocicletas va zigzagueando entre los autos, los camiones y, por supuesto, las vacas. El tránsito es simplemente desquiciante. Estoy en Bangalore, al sur de la India. La única regla de tránsito que realmente se respeta aquí es tocar la bocina. Por eso, el ruido está como incrustado en el paisaje. A bordo de un mototaxi o, como le dicen aquí, un “tuk-tuk”, me siento aterrada y fascinada por la experiencia. ¿Llegaré con vida a mi destino?

Al llegar al hogar de niños “Blessing Home” (Hogar de bendición) y reencontrarme con su fundadora, Prema Devanandam, respiro aliviada. Prema es una pequeña mujer india, con una gran historia. Prema creció en una familia muy pobre, con seis hermanos. Sus padres no tenían suficiente dinero para alimentarlos a todos y pagar las cuotas de la escuela. Como Prema no tenía talento para el estudio, creció sintiéndose rechazada e inútil.

En su extrema pobreza y desesperación, Prema intentó suicidarse siete veces. La última vez bebió veneno. “Pero cuando estaba en lo más profundo del hoyo, Jesús se me apareció y me dijo que tenía un propósito y un plan para mi vida”. En su cama, convaleciente, Prema decidió entregarse a Jesús y vivir para servirlo. “Me sentí amada por primera vez en mi vida. Sentí una alegría y una paz que nunca había experimentado”. Jesús la había rescatado y ahora ella se dedicaría a rescatar a otros.

Prema decidió estudiar Trabajo social y fundar su propio hogar de niños. Como no tenía fondos ni apoyo del gobierno, al principio usaba su propio sueldo para alimentarlos. Con el tiempo, la gente comenzó a notar su labor y a donar dinero. Hoy, hace ya más de quince años que Prema hace esto. Cuando le pregunto cuál es el obstáculo más grande en su ministerio, responde que es no saber de dónde va a llegar el dinero para pagar todas las cuentas. “Sin embargo, cuando no sé qué hacer, me arrodillo, y así puedo continuar. La oración tiene mucho poder”, me dice con su sonrisa perenne. Yo la miro, y me inunda la certeza de que esta pequeña gigante va a ser honrada en el Reino de los cielos, porque ella ya vive como si estuviera allá.

Señor, no importa cuántos me rechacen y no vean mi valor, ¡tú nunca me echas fuera! Llena mi corazón de tu amor y compasión. Hoy quiero aprovechar cada oportunidad que me das para servir a los demás.

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