Domingo 16 de Octubre de 2022 | Matutina para Adultos | Sabiduría y poder

Sabiduría y poder

“Salió y se fue, como solía, al Monte de los Olivos; y sus discípulos lo siguieron. Cuando llegó a aquel lugar, les dijo: ‘Orad para que no entréis en tentación’ ” (Lucas 22:39, 40).

¿Cómo pudo Judas, con tanta facilidad, encontrar a Jesús la noche de la traición? El apóstol Juan nos da la respuesta cuando escribe que “Judas, el que lo entregaba, conocía aquel lugar, porque muchas veces Jesús se había reunido allí con sus discípulos” (Juan 18:2).

El lugar al que hace alusión no era otro que el huerto de Getsemaní, situado al pie del Monte de los Olivos; que el Señor visitaba “con frecuencia […] para meditar y orar” (El Deseado de todas las gentes, p. 636). Llama la atención que el Señor tuviera un lugar al que con frecuencia acudía para orar. Pero impresiona mucho más el hecho de que él orara. Él, en quien “habita corporalmente toda la plenitud de la divinidad” (Col. 2:9), ¡oraba con frecuencia!

¿No es este un hecho digno de nuestra mayor consideración?

El testimonio de la Escritura es que “muy de madrugada, cuando todavía estaba oscuro”, Jesús se levantaba, y se iba a un lugar solitario, donde oraba (Mar. 1:35). El producto de esas horas de comunión dio como resultado la constante confianza que tenía en el Padre. Y si leemos cuidadosamente los evangelios, no nos será difícil percibir un patrón: los eventos más importantes de su ministerio estuvieron precedidos o fueron seguidos por momentos de oración. Así, por ejemplo, oró antes de elegir a los discípulos, antes de resucitar a Lázaro, en el Monte de la Transfiguración, cuando su fama aumentó, cuando unos griegos quisieron conocerlo, en el Getsemaní. ¡Con razón el servicio que brindó a la humanidad fue “sin fracaso ni vacilación”!

Y ahora la conclusión obligada: si el Salvador del mundo, el mismísimo Hijo de Dios, sintió la necesidad de orar, ¡qué se ha de esperar de nosotros, a quienes nos acosa la tentación a cada paso! Por lo tanto, ¿qué tal si, comenzando hoy, nos proponemos cada mañana iniciar el día como lo hizo el Señor; es decir, pidiendo al Padre sabiduría y poder para enfrentar los desafíos del nuevo día?

“Presenta ante Dios tus necesidades, gozos, tristezas, cuidados y temores. No puedes agobiarlo, no puedes cansarlo. El que tiene contados los cabellos de tu cabeza, no es indiferente a las necesidades de sus hijos” (El camino a Cristo, p. 85).

Padre celestial, ayúdame para que nada me impida tener un encuentro personal contigo cada día, por medio de la oración y el estudio de tu Palabra. Que lo primero que yo escuche al ver la luz de un nuevo día sea tu voz hablando a mi corazón.

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1 comentario
  • Maravillosa lección.Si la oración tiene poder y está a nuestro alcance, por qé no sacar un tiempo y presentarle al Señor nuestras peticiones , cuitas y temores? El Señor no escucha y atiende nuestras súplicas-

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