Jueves 10 de Febrero de 2022 | Matutina para Menores | La dama de la lámpara

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La dama de la lámpara

“Y este es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros, como yo los he amado” (Juan 15:12, NVI).

Florence Nightingale nació en 1820 en una familia rica e influyente. Aunque en esa época no era común que las niñas estudiaran, su padre mismo le enseñó italiano, latín, griego, filosofía, historia, literatura y matemáticas. Como una dama rica, bella, y preparada, cuando fue ya mayor recibió varias propuestas de matrimonio. En aquellos días se creía que la única misión de las señoritas era casarse y tener hijos. Pero Florence no aceptó ninguna propuesta de formar un hogar propio. Ella tenía un llamado que había recibido de Dios: el llamado a servir a otros. Florence quería ser enfermera.

En sus días, la enfermería era una profesión no muy bien considerada. Las enfermeras eran descuidadas, sucias y, a veces, hasta borrachas. Florence no solo se preparó como enfermera, sino que, más tarde, decidió transformar la profesión. Si has sido cuidado por enfermeras, habrás visto cuánta atención ponen en la limpieza y el cuidado del enfermo.

Cuando Florence llegó a un hospital de guerra en Crimea, en el año 1854, ella y sus enfermeras voluntarias encontraron ratas, heridas podridas, pacientes ebrios, y un gran desorden. Muchos pacientes morían. Florence y sus enfermeras se pusieron en acción. Poco a poco, los pacientes empezaron a mejorar. Los soldados, angustiados, enfermos y solitarios, comenzaron a llamarla “el ángel guardián” y “la dama de la lámpara”, pues Florence los visitaba de noche y de día, y brindaba amor y palabras animadoras a cada uno.

Al volver a Londres, lo que Florence había aprendido le sirvió para escribir un libro acerca de cómo debía ser el cuidado de los enfermos. Su bondad y dedicación cambiaron la historia de la enfermería. Y, ¡no solo de la enfermería! Años más tarde, Henry Dunant, el fundador de la Cruz Roja, reconoció la influencia de las ideas de Florence en su propia vida e ideas humanitarias. Hoy, muchas organizaciones de salud llevan el nombre de esta dama ejemplar, quien estuvo dispuesta a poner a un lado las comodidades de la vida para servir a otros.

No siempre servir a otros es fácil y cómodo. De hecho, la mayoría de las veces no lo es. Así como Dios llamó a Florence, hoy te llama a ti. ¿Hasta dónde estás dispuesto a ir por amor a otros? Te invito a inspirar a otros hoy con tu bondad y compasión, así como lo hizo Florence Nightingale.

Cinthya

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