Martes 07 de Febrero de 2023 | Matutina para Mujeres | Rostros resplandecientes

Rostros resplandecientes

Aarón y todos los hijos de Israel miraron a Moisés, y he aquí la piel de su rostro era resplandeciente; y tuvieron miedo de acercarse a él. Éxodo 34:30.

Por segunda vez Moisés pasa cuarenta días en el monte de Dios; también es la segunda vez que Moisés hace un ayuno de cuarenta días. En la primera ocasión Dios había escrito los Diez Mandamientos en tablas de piedra, pero la rebeldía e idolatría del pueblo incitaron a Moisés a quebrar las tablas al pie del monte. La diferencia en esta ocasión es que ni aun Josué debía estar presente en esta íntima reunión de Moisés con Dios.

Esta vez, Dios se revela a Moisés en la plenitud de su carácter: fuerte, piadoso, tardo para la ira, grande en misericordia y verdad (Éxo. 34:6). ¿Por qué Dios escogió mostrar estas cualidades? Quizá porque era la segunda vez que revelaba la ley, también era necesario revelar su gracia divina e infinita. La justicia y la misericordia de Dios fueron mostradas plenamente a Moisés. Tal vez fue el reconocimiento del perfecto equilibrio entre la justicia y la misericordia de Dios lo que hizo resplandecer el rostro de Moisés.

Moisés había aprendido a amar a su pueblo al punto de no aceptar la propuesta divina de destruir a Israel y hacer de él un líder de un nuevo pueblo más obediente (Éxo. 32:10). Intercedió con su propia vida en favor de sus compatriotas rebeldes (Éxo. 33:12-16). Esto no era otra cosa que el reflejo del carácter de Dios en su vida. Su mismo rostro reflejó el resplandor del Dios a quien imitaba. Cuando vivimos cerca de Dios e imitamos su carácter, los que nos rodean verán reflejado ese efecto en nuestro diario vivir. Aunque no seamos conscientes de ello, otros verán en nuestro rostro un rostro diferente, un rostro que refleja rayos de la gloria divina.

¿Cuánto tiempo pasas a solas con Dios en oración, estudio, y contemplación de su vida y carácter? Tal vez no ilumines la habitación con la luz de tu rostro, pero hará tal efecto en tu vida que pronto la gente notará que has estado con Dios. Comprenderás la misericordia y la gracia divinas, aprenderás a perdonar e incluso a interceder por quienes han murmurado contra ti.

Ruega a Dios que te haga semejante a él en misericordia; el resto, el resplandor de tu rostro, vendrá por añadidura.

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