Martes 11 de Octubre de 2022 | Matutina para Adultos | “¿Qué es esto que siento?”

“¿Qué es esto que siento?”

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28).

¿Cuál es la diferencia entre sentir culpa y sentir vergüenza? Nunca me había detenido a pensar detenidamente en este asunto hasta que leí lo que acerca de este tema escribe Lewis Smedes, conocido autor cristiano (Shame and Grace, p. 3).

Cuenta Smedes que un día, sin saber por qué, se sentía culpable. Trató de saber la causa, pero no recordaba haber hecho nada malo. Entonces le contó a su buen amigo Neil Warren lo que le estaba pasando. Sin pensarlo mucho, Neil le dijo que su problema no era un sentimiento de culpa, sino de vergüenza. Dice Smedes que al momento no entendió lo que su amigo quiso decirle, pero poco después comprendió sus palabras. Sucedió cuando él visitaba a su madre en el hospital. En un momento de la visita él la escuchó decir que se sentía muy feliz porque el Señor la había perdonado. Luego ella agregó:

–Oh, Lewis, sabes que he sido una gran pecadora.

¿Una gran pecadora? La declaración de su madre lo sorprendió. Toda su vida esa mujer había luchado sola, limpiando casas, para poder criar a cinco niños. ¿Por qué decía semejante cosa? Entonces Lewis recordó las palabras de Neil Warren, y pensó: “Lo que mi madre está sintiendo no es culpa, sino vergüenza”. Toda su vida su madre había creído que no era suficientemente buena, ni como madre, ni como cristiana.

¿Cuál es, entonces, la diferencia entre la culpa y la vergüenza? Según Smedes, la culpa es producto de lo malo que hacemos. La vergüenza, en cambio, tiene que ver con la clase de personas que somos. Es el resultado de creer que no estamos a la altura de lo que se espera de nosotros, que no somos suficientemente buenos. La buena noticia es que, tanto para la culpa como para el sentimiento de vergüenza, hay “bálsamo en Galaad”. Además de que la preciosa sangre de Jesucristo provee el remedio perfecto para tu culpa de pecado (ver 1 Juan 1:9), su maravillosa gracia te asegura que no tienes que esperar ser bueno para ir a él.

¿No es esto, precisamente, lo que dice nuestro texto de hoy?¡Ve a Jesús tal como estás! Llévale ahora mismo todo lo que aflige tu corazón. Si acudes a él, su promesa es que no te echará fuera.

Bendito Jesús, en este momento vengo a ti tal como soy, confiando en que no me rechazarás. Ayúdame a creer que tu sangre preciosa limpia todos mis pecados, y que por tu gracia estoy completo en ti.

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