Martes 15 de Febrero de 2022 | Matutina para Jóvenes | ¿Coincidencia o providencia?

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¿Coincidencia o providencia?

«Los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos, atentos a sus oraciones». Salmo 34: 15, NVI

Durante muchos años, su trabajo había sido igual: levantarse temprano, caminar en compañía de su esposo hasta la central de autobuses en Santa Marta y tomar uno de los buses que viajan a Maicao. Hacer el recorrido de aproximadamente tres horas y media y allí, en Maicao, comprar la mercancía y en la tarde regresar a casa.

Pero aquel día amaneció diferente. No sentía el mismo entusiasmo de siempre. Un extraño presentimiento se había anidado en su cabeza. Se levantaron bien temprano, se arreglaron y salieron. Su esposo caminaba delante. —Apúrate, mujer, mueve esos pies que vamos a perder el primer bus —le dijo, tomándola de la mano para hacerla caminar a su ritmo. Cuando llegaron a la avenida del ferrocarril, miraron a ambos lados para cruzar. Al verificar que no venía ningún vehículo, se dispusieron a atravesar la calle. Pero en ese momento ella lanzó un grito y se soltó de la mano de su esposo. Cuando él volteo a mirar ella estaba petrificada en medio de la calle, señalando a un lote baldío que había enfrente.

–¿Qué pasa, mujer? Nos va a dejar el bus —dijo el esposo exasperado.

Pero ella no se movió.

—Allí hay alguien, vi unos ojos en los matorrales —dijo ella.

Él se acercó y la abrazó para tranquilizarla. Cuando se sintió mejor, cruzaron y, al llegar a la central de transporte, vieron que el primer autobús ya había partido. Él se molestó mucho, pues otros se les adelantarían en las compras. Se fueron en el siguiente autobús, una hora más tarde y se durmieron en los asientos.

Repentinamente, los gritos de varios pasajeros los despertaron. Miraron a un lado del camino, fuera de la carretera, y entre los matorrales estaba el bus que había salido primero. Había sido asaltado, varios pasajeros estaban heridos de bala y les habían robado el dinero a todos los comerciantes que viajaban en él. Entonces ella recordó aquellos ojos que había visto entre los matorrales y que le habían hecho perder el tiempo. Se arrodilló y agradeció a Dios por su protección.

¿Coincidencia? No, providencia divina. A veces Dios utiliza los mecanismos más extraños para guardarnos del peligro. @Dios le reveló a Elena G. de White que: «Los que siguen a Cristo están siempre seguros bajo su protección. Ángeles de gran poder son enviados del cielo para ampararlos. El maligno no puede forzar la guardia con que Dios tiene rodeado a su pueblo» (El conflicto de los siglos, p. 506).

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