Martes 16 de Agosto de 2022 | Matutina para Adultos | ¡Lejos de la terraza!

¡Lejos de la terraza!

“Un día, al caer la tarde, se levantó David de su lecho, y se paseaba sobre el terrado de la casa real, cuando vio desde el terrado a una mujer que se estaba bañando, la cual era muy hermosa. Envió David a preguntar por aquella mujer, y le dijeron: ‘Aquella es Betsabé, hija de Eliam, mujer de Urías, el heteo’ ” (2 Samuel 11:2, 3).

¿Qué hacía David en el terrado de su casa justo “en el tiempo en que los reyes salen a la guerra? Los ejércitos de Israel, bajo el mando de Joab, enfrentaban a los amonitas en Rabá; pero en lugar de comandar a sus fieles soldados, David prefirió quedarse en Jerusalén. ¿Por qué?

El problema fue que, a la par que las defensas externas de Israel se fortalecían, las defensas internas del carácter de David se debilitaban. Las fronteras de su reino habían alcanzado el nivel de desarrollo predicho por el Señor a Abraham (ver Gén. 15:18-21). Como líder de Israel, David gozaba del respeto y la admiración de propios y extraños. Además, la economía de la nación había alcanzado su máximo nivel de prosperidad. ¿Qué podía pedir él que ya no tuviera? ¿Y a quién podía temer?

Lo que no sabía David era que su propio éxito terminaría siendo su mayor enemigo, y que su vida de comodidad lo expondría a un peligro mayor que el de cualquier ejército extranjero. La transgresión de David, más que una caída, fue un deslizamiento; una caída gradual. De manera imperceptible, su confianza en Dios se fue debilitando, y cuando llegó el momento de la tentación, no huyó. Antes de que se percatara, sus malos deseos se despertaron, y el resultado fue pecado y muerte.

¿Qué nos enseña la caída de este gran hombre de Dios? Lo primero, que nuestra única seguridad está en depender de Dios y de su Palabra cada día, tanto en nuestros éxitos como en nuestros fracasos. Lo segundo, que para nuestro propio bien ¡hemos de permanecer lejos de la “terraza”!

¿Ya identificaste “tu terraza”? Ya se trate de un lugar, de una persona, o una cosa, ¡aléjate de la tentación! Bien lo dijo Matthew Henry: “No te acerques al árbol prohibido, ¡a menos que quieras comer del fruto prohibido!” (Mountain Trailways for Youth, 21 de mayo).

Ayúdame, Señor, a mantener una estrecha comunión contigo cada día; y dame la voluntad que necesito para mantenerme lejos, ¡muy lejos!, de la tentación.

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