Martes 18 de Octubre de 2022 | Matutina para Mujeres | ¿Quién pecó?

¿Quién pecó?

“Mientras caminaba, Jesús vio a un hombre que era ciego de nacimiento. —Rabí, ¿por qué nació ciego este hombre? —le preguntaron sus discípulos—. ¿Fue por sus propios pecados o por los de sus padres?” (Juan 9:1, 2, NTV).

Carlos Whittaker es un cantante cristiano estadounidense. En el año 2003, estaba dirigiendo las alabanzas en una iglesia cuando, de repente, sintió que le estaba dando un ataque cardíaco. La congregación de más de dos mil personas siguió cantando y la banda siguió tocando, mientras Carlos se bajó de la plataforma para buscar ayuda. Aunque no lo sabía en ese momento, Carlos no estaba sufriendo un ataque cardíaco, sino un ataque de pánico. “Ese fue el comienzo de un largo camino en mi vida”, me dijo Carlos hace unos meses, mientras me contaba su historia. “Me sentía tan avergonzado por lo que me había sucedido… Le suplicaba a Dios que me sanara. Estaba preso en mi casa. No podía salir a la autopista sin que me diera un nuevo ataque de pánico”. Uno de los aspectos más difíciles de su experiencia fue sentir que, por miedo a que lo juzgaran, no podía compartir esta lucha. “El estigma que cargan las personas que sufren este tipo de enfermedades era tal, que la gente me decía que no estaba orando lo suficiente, o que no tenía suficiente fe”.

Por eso, al principio, Carlos no quería tomar ninguna medicación. Finalmente, comprendió que debía aprovechar todas las avenidas terapéuticas: la medicina, la psicoterapia, el ejercicio físico y la oración. Aunque el proceso fue largo y lento, Carlos superó su ansiedad y hoy se dedica a erradicar el estigma asociado con las enfermedades mentales.

Cuando nos enfrentamos a la tragedia, muchas veces actuamos como los discípulos: buscamos a quién culpar. No podemos resolver la paradoja de que Dios sea bueno y omnipotente, y a la vez que exista el mal.

Entonces, para deshacernos de la disonancia cognitiva, ponemos la culpa sobre los cansados hombros de la víctima (aun si la víctima somos nosotras mismas). “A veces nos preguntamos: ‘¿Por qué Dios no ha solucionado esto?’ ”, reflexiona Ed Stetzer en su artículo “Mental Illness & Medication vs. Spiritual Struggles & Biblical Counseling”, publicado en Christianity Today. “Algunos responderán a nuestras preguntas diciendo que todo se debe al pecado. O a la falta de fe. O a la falta de arrepentimiento. Sin embargo, el hecho de que alguien esté luchando contra la ansiedad, la depresión, u otra enfermedad mental no significa que sea el resultado de algo que ha hecho”. Como cualquier otra debilidad, la ansiedad o la depresión no nos definen, sino que son oportunidades incómodas para experimentar la gracia de Dios.

Señor, ayúdame a mirar a las personas que sufren de ansiedad o depresión sin prejuicios, con compasión y sabiduría. Tu gloria puede manifestarse en todas nuestras debilidades.

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