Martes 21 de Septiembre de 2021 | Matutina para Mujeres | Hablando se entiende la gente: la comunicación entre esposos

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Hablando se entiende la gente: la comunicación entre esposos

“¡Déjame oír tu voz, oh reina de los jardines!” (Cant. 8:13).

La vida moderna, que va tan aprisa y se ha vuelto tan complicada, nos ha arrebatado algunas cosas muy buenas sin que nos hayamos dado cuenta siquiera. Por la diferencia entre los horarios de trabajo y estudio de los miembros de la familia, sucede que los hijos llegan al hogar cuando los padres se van, o que los esposos mismos no coinciden en sus jornadas: él trabaja de noche, ella trabaja de día. Estas circunstancias no permiten que el encuentro familiar tenga lugar y hacen al matrimonio pagar una factura muy elevada. La comunicación es vital. 

Algunas investigaciones sobre el tema aseguran que las parejas de esposos que mantienen una comunicación rica y abierta tienen mayor capacidad de enfrentar las crisis con entereza y de salir de ellas fortalecidos como familia e individualmente. Lamentablemente, como la comunicación en la pareja es tan escasa hoy en día, las crisis acaban muchas veces por destruir a la familia.

En un estudio llevado a cabo con 5.000 personas casadas, se les pregun­tó cuánto tiempo al día dedicaban exclusivamente a conversar el uno con el otro. El resultado mostró que, después de 2 años de matrimonio, la media de las parejas conversaban 2 o 3 minutos durante el desayuno, 20 mi­nutos durante la cena y unos pocos minutos en la cama. A los 6 años, apenas hablaban unos 10 minutos diarios. Y, a los 8, mantenían un matrimonio casi sin palabras (Curran, El estrés en la familia sana, p. 39).

Muchas crisis matrimoniales tienen que ver con un deterioro en la comuni­cación; cuando esta se rompe, lo hace con sutileza, poco a poco, tan lentamente que los cónyuges no se dan cuenta, hasta que se presenta una ruptura defi­nitiva. Finalmente, ya no tienen de qué hablar el uno con el otro. ¡Ni siquiera de Cristo o del evangelio!

Cristo es el elemento amalgamador de todas las relaciones interpersona­les. Pongámoslo también en el centro de la relación matrimonial: oremos juntos los dos esposos, escuchémonos mutuamente sin hacer juicios de valor el uno del otro, recordemos los hermosos momentos vividos durante el noviazgo (recordar es volver a vivir), hagamos planes para el futuro donde nos veamos juntos, elogiemos los aciertos de cada uno y perdonemos los erro­res. Amén.

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