Martes 27 de Septiembre de 2022 | Matutina para Mujeres | Claroscuro

Claroscuro

“Enciendes una lámpara para mí. El Señor, mi Dios, ilumina mi oscuridad” (Sal. 18:28, NTV).

Mientras escribo estas líneas, en el mundo hay más de 272.000 personas infectadas con coronavirus y cerca de 11.300 fallecidos. La rapidez con la que se extiende el virus ha llevado a varios países a cerrar sus fronteras y declarar un estado de emergencia nacional y cuarentena. En Inglaterra, el pánico arrasa los supermercados y es casi imposible encontrar papel higiénico, harina o fideos.

En los últimos días, el primer ministro, Boris Johnson, informó que las iglesias, las escuelas y los restaurantes permanecerán cerrados para evitar contagios. Ayer, mi amiga Helen Roberts publicó un bellísimo comentario en las redes sociales: “Hace años, mientras estudiaba Arte en la escuela, aprendí que la sombra más oscura va al lado de la luz más clara… Mi oración es sencilla: En estos días oscuros, cuando el miedo es contagioso, dejemos que brille la luz más clara. Dejemos que el amor venza al temor”.

Parece contradictorio pensar que veremos las luces más brillantes en los momentos de oscuridad más densa; sin embargo, los astrónomos saben que esto es cierto. La polución lumínica es la ladrona de estrellas. El 83% de las personas no puede contemplar el espectáculo de la Vía Láctea, tal como la veían los antiguos, debido al brillo de luces artificiales. Irónicamente, las luces artificiales nos roban la oscuridad necesaria para ver las estrellas.

Obviamente, no vamos a provocar tragedias. Sin embargo, cuando inevitablemente lleguen días de oscuridad y miedo, recordemos que tenemos una oportunidad para brillar más. En medio de la oscuridad reinante, podemos elegir ser una estrella en el cielo de alguien perdido. Cuando la tragedia nos ponga en foco, disipando distracciones y apagando luces falsas, será el momento ideal para que brille la esperanza. En palabras del poeta cristiano Max Jacob: “La luz más profunda solo se entrega a la más profunda oscuridad”.

Señor, cuando la incertidumbre y el pánico acechen, ayúdame a ser como una pequeña luciérnaga. Cuando el miedo enceguezca y el egoísmo reine, llena mis acciones con tu amor y compasión; que sean una vislumbre del cielo. Somos la luz del mundo. En los días más oscuros, ayúdanos a brillar con el mayor fulgor.

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