Martes 30 Noviembre de 2021 | Matutina para Jóvenes | El canto de los primeros adventistas

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El canto de los primeros adventistas

“Este mismo Jesús, que ha sido llevado de entre ustedes al cielo, vendrá otra vez” (Hech. 1:11, NVI).

Joseph Bates se encontraba con algunos adventistas varado en una estación ferroviaria en Salem, Massachusetts, y juntos decidieron comenzar a cantar himnos. La gente del lugar no estaba acostumbrada a esto, así que comenzó a amontonarse alrededor de ellos y a formar una gran multitud que escuchaba arrobada a este pequeño grupo que cantaba con todo fervor. Unas siete mil se reunieron para oír la predicación después y cientos se bautizaron. Todo por el canto.

Una de las formas que los primeros adventistas tuvieron de sobreponerse al Gran Chasco y de compartir las doctrinas que creían fue por medio de la música y la publicación de varios himnarios. Jaime White decía que “había poder en el canto adventista”, y que este tenía algo especial.

¿Qué podemos aprender de esto? En un sitio web de música adventista, se nos dice que podemos extraer al menos tres lecciones:

  1. Si profesamos creer en algo o tener una fe, entonces las canciones que cantamos o la música que escuchamos debería reflejarlo también. ¿Sucede así?
  2. El hecho de cantar con total convicción tiene una influencia poderosa en los oyentes. ¿Cantamos con esa convicción?
  3. El hecho de cantar canciones apropiadas para cada ocasión le da más poder al mensaje. ¿Elegimos cuidadosamente?

Los primeros adventistas cantaban especialmente sobre la Segunda Venida, y este tema estaba presente en todos los medios de comunicación que empleaban. ¿Acaso nosotros cantamos también himnos que reflejan nuestro entusiasmo y anhelo por la pronta venida de nuestro Señor? ¿Nuestras decisiones diarias y nuestros negocios se ven influenciados por la firme fe en la creencia de que Jesús vendrá pronto? ¿O nos estamos conformando a un estilo de adoración ecuménico y netamente emocional y a veces antropocéntrico?

Algunas cosas que podemos hacer son: dedicar tiempo en la semana a aprender himnos que se cantaban en ese momento sobre la Segunda Venida, incorporar al menos un himno de esa época en nuestro culto familiar y en la alabanza congregacional, escucharlo durante la semana en alguna grabación, visitar lugares que contengan elementos mencionados en los diferentes himnos y cantarlos para grabarlos de forma más profunda.

El poder del mensaje que tenemos para compartir aún está vigente y, si cantamos más, con más convicción, podremos alcanzar a muchos más. Así que… ¡a cantar!

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