Matutina para Adolescentes, Lunes 31 de Mayo de 2021

El amor por la ley

“Muéstrame tu ternura, y hazme vivir, pues me siento feliz con tu enseñanza” (Sal. 119:77).

En todo el Salmo 119, el autor expresa su amor por la ley, por los preceptos y los mandamientos de Dios. Sin embargo, ¿cuántos podemos compartir el mismo entusiasmo por la ley de Dios? Pensamos en todo lo que tenemos que aprender en la clase de religión o en la lista interminable de cosas que la Biblia dice que debemos o no debemos hacer, pero si entendiéramos la antigua cultura mesopotámica, podríamos compartir la apreciación del salmista.

La palabra “ley” en la Biblia significa más que una lista de regulaciones que los legisladores promulgan, los abogados interpretan y los jueces hacen cumplir. La palabra hebrea a menudo traducida como “ley” es torá, que denota “instrucción, orientación, preceptos” o “revelación”; es decir, todo lo que Dios reveló sobre sí mismo.

A veces nos gustaría que Dios no hubiera revelado tanto, para no tener que ser tan responsables de tanto. Pero el Dios de la Biblia tenía mucho que decirle a su pueblo.

Los dioses de los pueblos vecinos no eran así en absoluto. El problema con ellos era que no hablaban con quienes los adoraban. Los pueblos del mundo antiguo creían que, siempre y cuando tuvieran el favor de los dioses, todo marcharía bien. Pero si los ofendían en algo, experimentarían sufrimiento y catástrofes.

El problema era que nunca se sabía a qué deidad se había hecho enojar o exactamente lo que se había hecho mal (¿alguna vez alguien se molestó contigo y no tenías idea de por qué? Pues eso mismo). Peor aún, algo que podría complacer a un dios podría ofender a otro.

La gente componía oraciones para todo uso que buscaban el perdón divino y el favor de los dioses, y se disculpaban por todo y por nada. Eso es lo que los amigos de Job le pidieron que hiciera: confesar algo para que Dios le levantara el castigo. Pero Job no tenía nada que confesar en esa línea que ellos insinuaban.

El Dios de la Biblia le habla a su pueblo. A diferencia de los dioses paganos, no nos castiga con el silencio. Además, nos dice cuándo hemos hecho algo malo y también cuándo hacemos algo bien. Nos dice que nos ama, cómo es él, lo que quiere hacer por nosotros y cómo vivir vidas maravillosas y felices. Por eso el salmista proclamaba su amor por la ley de Dios, la maravillosa revelación de su amor.

GW

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