Matutina para Adultos | Domingo 07 de Mayo de 2023 | “Y vivirás para siempre”

“Y vivirás para siempre”

“Apártate del mal, haz el bien y vivirás para siempre” (Salmo 37:27).

Uno de los elementos característicos de las catedrales, ya sea la de Notre Dame en París, la Basílica del Voto Nacional en Quito o la Catedral Nacional de Washington, es la presencia de las horripilantes gárgolas. La última no es un templo católico, sino episcopal, y es el lugar donde se efectúan los funerales de los presidentes estadounidenses. Esta catedral posee ciento doce gárgolas.

Pero ¿por qué estos templos se caracterizan por tener esos misteriosos animales? Desde la época medieval, las gárgolas han estado asociadas al mal, a los poderes demoníacos. La creencia popular les atribuía la capacidad de adquirir vida durante la noche y descender a castigar a los infieles. Lo interesante de la Catedral Nacional de Washington es que hay en ella dos gárgolas que no tienen figura animal ni evocan el concepto de maldad que se tenía en la Edad Oscura. Cuando se les pidió a unos niños que describieran cómo concebían el mal, la mayoría de ellos concordó en que el mal estaba representado por Darth Vader, el terrible personaje de La guerra de las galaxias. Y entonces, se incluyó una escultura de la cabeza de Darth Vader en el edificio. También hay otra figura con el rostro de un soldado con una máscara de gas.

¿Cómo representaríamos nosotros el mal? ¿Con la imagen de un padre que ultrajó a una hija? ¿La escultura de una madre que abandona a sus hijos? ¿El rostro de un líder de una banda que se dedica a la extorsión, la violencia o el tráfico ilegal? Cada uno tiene su forma de describir el mal, y casi siempre la imagen tiene un rostro que no se parece al nuestro. Normalmente, la maldad queda representada en los demás, pero no en mí.

Con independencia de cómo representemos el mal, Pablo dijo: “El mal está en mí” (ver Rom. 7:19). Miqueas se refiere a los que “en sus camas piensan iniquidad y maquinan el mal” (Miq. 2:1). El mal no tiene forma de monstruo, sino de rostro humano, porque solemos amar “el mal más que el bien, la mentira más que la verdad” (Sal. 52:3).

Quitemos las gárgolas de nuestra vida, no importa el rostro que tengan. “Todos los que invocan el nombre del Señor han de apartarse de la maldad” (2 Tim. 2:19, DHH). Nuestro gran desafío es apartarnos del mal y hacer el bien. Si lo hacemos, disfrutaremos de esta hermosa promesa: “Y vivirás para siempre” (Sal. 37:27).

Hay un mensaje especial para ti:  Matutina para Adultos 10 de Febrero de 2021
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