Matutina para Adultos | Martes 06 de Junio de 2023 | “Estoy contigo para librarte”

“Estoy contigo para librarte”

“ ‘Pelearán contra ti, pero no podrán vencerte, porque yo estoy contigo para librarte’, afirma el Señor” (Jeremías 1:19, NVI).

Charles de Gaulle lo necesitaba a fin de insuflar un nuevo aire a su ya debilitado gobierno. A Stalin le urgía que ocurriera, puesto que así los aliados contarían con la apertura de un segundo frente contra los nazis. Los americanos y los ingleses trabajaban arduamente para que la estrategia llevara alivio a una de las zonas más importantes de Europa. Incluso el mismo Hitler deseaba que los aliados realizaran lo que ya era un secreto a voces. Los alemanes se sentían seguros porque, según ellos, nada ni nadie podría eludir la gran Muralla del Atlántico, una serie de fortificaciones nazis establecidas en las costas francesas y flanqueadas por la marina y la poderosa fuerza aérea alemana. Si los aliados daban el forzoso paso, los nazis los derrotarían, asegurando así el triunfo en la guerra.

¿A qué me refiero? Al desembarco de los ejércitos aliados en las costas de Normandía, Francia; un evento que no solo produjo la liberación de París, sino que se convirtió en el principio del fin de la Segunda Guerra Mundial. El 6 de junio de 1944, conocido como el Día D, las tropas británicas, americanas y canadienses asestaron un golpe mortal a los planes imperialistas del Tercer Reich, y establecieron las bases para la llegada del Día de la Victoria, el 8 de mayo de 1945.

El teólogo Oscar Cullmann comparó lo que ocurrió el Día D con la muerte de Cristo en la cruz. Satanás y sus seguidores deseaban ponerle fin a la vida del Hijo de Dios. Así que articularon un plan demoníaco y lo implementaron; no obstante, lo que creyeron que sería un rotundo triunfo acabó siendo la mayor derrota que alguna vez haya ocurrido en el universo. Así como Hitler no descifró la estrategia aliada, los príncipes de este mundo no entendieron el plan de Dios, porque si lo hubiesen comprendido, “nunca habrían crucificado al Señor de la gloria” (1 Cor. 2:8). ¿Por qué? Porque en la cruz, el Señor “despojó a los principados y a las autoridades y los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos” (Col. 2:15).

Ahora la victoria de Cristo constituye la garantía de nuestra victoria y de que Dios cumplirá esta promesa: “ ‘Pelearán contra ti, pero no podrán vencerte, porque yo estoy contigo para librarte’, afirma el Señor” (Jer. 1:19, NVI).

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