Matutina para Adultos | Miércoles 31 de diciembre de 2025 | Todos los días, hasta el fin

Matutina para Adultos | Miércoles 31 de diciembre de 2025 | Todos los días, hasta el fin

Matutina para Adultos

«Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo» (Mateo 28: 20, LPH).

Jesús se despedía de los suyos. Pero no era un «adiós» sino un «hasta pronto». Hacía poco más de tres años que había venido a su encuentro, pero eso había bastado para dar a sus vidas un rumbo nuevo. Y ahora tenía que seguir con su plan de salvación, y ellos debían asumir su parte en ese plan.

Nosotros también hemos llegado, gracias a Dios, junto a Jesús, al final de un año singular, porque cada uno es único. Este nos ha aportado al menos dos verdades irrefutables: que la vida es sumamente frágil, y que cada día es un precioso regalo.

Este año singular mañana será historia. Con sus desafíos, sufrimientos y problemas, pero también con sus triunfos, milagros y bendiciones. Y una de las mayores es que Jesús no se va a despedir nunca de nosotros. Nos asegura, una vez más, que va a seguir con nosotros todos los días, hasta que vuelva.

Por eso, aquel provisionalmente «último» encuentro de Jesús con sus amigos nos concierne también a nosotros. Porque él les confió a ellos la misma misión que nos confía a cada uno: compartir con otros lo que hemos aprendido en sus encuentros con él.

Además, nos ha dejado a todos el encargo de decir al mundo que lo esperemos, porque ha prometido volver (ver Juan

14: 1-3).

Una noticia tan importante no podía quedar olvidada entre las memorias de los primeros cristianos. Apremiados por la alegría y por la urgencia de volver a encontrarse con él, corrieron a difundirla a los cuatro vientos. Unos, de viva voz. Otros, por escrito. Algunos, a costa de su vida.

Aquellos hombres y mujeres —ni más crédulos ni más dotados que nosotros— serían capaces de desafiar todos los riesgos para hablar de Jesús, impulsados por la certeza de que cumpliría su promesa. Lástima que con el paso del tiempo la gran noticia quedase prácticamente olvidada, relegada en los trasteros de los archivos religiosos de tantos cristianos que vinieron después…

Jesús nos dijo «hasta pronto», dejando abierta de par en par la puerta de la esperanza, insistiendo en que había que mantenerla siempre abierta. Sin muchas explicaciones, como era habitual en él, dando a entender que le importaba menos ser comprendido que esperado.

En vez de incitarnos a mirar atrás, haciéndonos tributarios de un pasado cada vez más lejano, prefirió invitarnos a otear el horizonte, unidos en la esperanza del gran día, cada vez más cercano, en que volverá a reunirnos en un encuentro, entre amigos, que no tendrá fin (ver Apoc. 22: 20).

Esta entrada tiene un comentario

  1. Rebeca Garrido

    Buenos días queridos hermanos de este hermoso ministerio. Esperamos con ansias los audios de la matutina-para-adultos de este año 2026.
    Dios les bendiga grandemente.

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