Matutina para Adultos | Viernes 16 de Febrero de 2024 | Dios nos enseña a amar a todos

Dios nos enseña a amar a todos

“Entonces Jesús le dijo: ‘Ve, y haz tú lo mismo’ ” (Lucas 10:37).

Aquella oportunidad de aclarar conceptos erróneos se la brindó a Jesús un intérprete de la ley, que le preguntó: “¿Quién es mi prójimo?” (Luc. 10:29). “Respondiendo Jesús”, contó la parábola del buen samaritano, para llevarnos a recapacitar en cuanto a la forma en que expresamos nuestra fe, y al hecho de que “el prójimo” no se define en términos de pertenencia a un grupo, sino de llamado a la acción por el bien de otro ser humano.

En tiempos de Jesús, los fariseos, los saduceos y los intérpretes de la ley habían reducido la religión a una cuestión de conocer, repetir y enseñar la letra de la ley. Esta manera de pensar les dejaba poco tiempo para preocuparse por cumplir el espíritu de la ley; en consecuencia, sentían que su religión los excusaba de mostrar compasión por personas que ellos consideraban fuera de su radio de acción. Por eso el intérprete de la ley lanzó esa pregunta: porque razonaba que el prójimo es “el que está cerca de mí”. Cuanto más cerca esté de mí la persona –si es de mi familia, mi religión, mi pueblo o mi raza–, más obligaciones tengo para con él o ella; cuanto más lejos, más puedo ignorarlo sin “faltar a mi fe”. ¿Qué sería de este mundo si Dios solo ayudara a los que se relacionan con él o lo agradan con su vida? El sacrificio de Cristo en la Cruz por todos los seres humanos ha desterrado para siempre la idea de que el amor pone condiciones.

Cristo corrigió esa forma de pensar narrando la famosa parábola. Al lado de un pagano herido pasaron un levita y un sacerdote, pero no se detuvieron porque iban camino a cumplir con “sus deberes religiosos”; luego un samaritano, a quien levitas y sacerdotes miraban con desprecio, tuvo la misericordia y el amor suficientes para detenerse y socorrer al necesitado. Ahora es Jesús el que hace una pregunta: “¿Quién fue el prójimo del que estaba herido?” Aquí Dios nos dice que la fe debe expresarse a través de actos concretos. Una fe sin obras es muerta (lee Sant. 2:17).

Dios nos muestra que no nos corresponde a nosotros escoger quién es nuestro prójimo: dondequiera que haga falta una demostración de amor cristiano, ahí hemos encontrado a un prójimo.

El mundo necesita a personas que no pregunten quién es su prójimo, sino que se conviertan en el prójimo de todos al actuar por amor. Ve y haz tú lo mismo.

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