Matutina para Jóvenes | Domingo 25 de Junio de 2023 | Saltamontes

Saltamontes

También vimos allí gigantes, hijos de Anac, raza de los gigantes. Nosotros éramos, a nuestro parecer, como langostas, y así les parecíamos a ellos. Números 13:33.

Después de cuarenta días volvieron. Venían cargados de enormes racimos de uvas y se prepararon para el informe. Moisés, juntamente con Aarón, reunió a todo el mundo para que los espías explicaran qué era lo que habían visto en la tierra de Canaán. Empezaron bien, comentando las bondades de unos campos tan fértiles que producían alimentos de tamaño desorbitado. Afirmando que, ciertamente, era un lugar en el que fluía la leche y la miel. Pero –para los pusilánimes siempre hay un pero– describieron a las gentes de aquel lugar como poderosas, con ciudades fortificadas. Algunos, los hijos de Anac, eran tan altos que parecían gigantes.

La multitud empezaba a desanirmarse cuando Caleb presentó su posición: “Subamos luego, y tomemos posesión de ella, porque más podremos nosotros que ellos” (Núm. 13:30). Caleb era un hombre excepcional, con el coraje propio de los que confían en el Señor. Pero sus palabras no fueron suficientes. Algunos de sus compañeros exclamaron: “La tierra que recorrimos y exploramos es tierra que se traga a sus habitantes. Todo el pueblo que vimos en medio de ella es gente de gran estatura. También vimos allí gigantes, hijos de Anac, raza de los gigantes. Nosotros éramos, a nuestro parecer, como langostas, y así les parecíamos a ellos” (13:32, 33). El cuadro era desalentador. Canaán estaba habitada por gente tan grande que los hebreos se sentían como langostas. El informe generó una rebelión tal que pidieron morir en el desierto. Y, tristemente, el Señor oyó su petición. Nadie mayor de veinte años, aparte de Caleb y Josué, abandonó aquel lugar. Se sentían insectos y vivieron como tales.

Cuarenta años después llegaron, por fin, a la Tierra Prometida y la conquistaron. Los reyes de la zona, vasallos de Egipto, no dejaban de enviar cartas en busca de ayuda porque no eran capaces de resistir a los habiru (entre ellos, los hebreos) y porque los atacaban, decían las noticias, como langostas. El temor a esos pequeños saltamontes hizo temblar a los mismos gigantes de Anac.

Es bien humorístico cómo cambia la visión del mundo con Dios a nuestro lado o no. La mayoría de los espías, sin la confianza en el Señor, eran langostas, poco más que insectos. Caleb, confiando en Jehová, era la plaga de langostas, la fuerza de la naturaleza.

Hay un mensaje especial para ti:  Matutina para Jóvenes | Viernes 01 de Septiembre de 2023 | Respetuosos y alegres
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