
Alea iacta est
“Como se acercaba el tiempo de que fuera llevado al cielo, Jesús se hizo el firme propósito de ir a Jerusalén” (Luc. 9:51, NVI)
Las palabras que conforman el título de la reflexión de hoy fueron pronunciadas por Julio César el 10 de enero del año 49 a. C., mientras cruzaba con su ejército el río Rubicón, ubicado en el norte de Italia. La traducción de esta expresión es: “La suerte está echada”. Suetonio, el historiador romano, relata que con estas palabras Julio César se rebeló contra el senado romano, dando así inicio a una guerra civil que culminó con la derrota de los pompeyanos y el ascenso de Julio César al poder como gobernante del imperio romano. A partir de entonces, Alea iacta est se ha usado para expresar determinación, inevitabilidad o indicar que un curso de eventos ha superado el punto de no retorno.
La determinación es una característica necesaria para completar un proyecto, lograr una meta propuesta y alcanzar el éxito en cualquier ámbito. Lucas 9:51 presenta a un Jesús determinado a salvar a la raza humana y “cuando se acercaba el tiempo”, Jesús ratificó su firme propósito de ir a Jerusalén.
Hay dos elementos que me llaman la atención en este versículo. En primer lugar, Dios no dejó al azar nada de lo que ocurrió en la vida de Jesús. El Maestro no se limitó a reaccionar ante las circunstancias, él sabía cuál era su misión y todas sus decisiones giraban en torno a ella. De hecho, estas frases relacionadas con el cumplimiento del tiempo se usan en la Biblia para indicar el cumplimiento de los deseos de Dios (ver Gál. 4:4).
En segundo lugar, vemos cómo Jesús demostró su determinación al centrarse en el cumplimiento de su misión. Aunque Lucas sugiere que Jesús podría haber tenido varias opciones, quizás numerosas aldeas que necesitaban escuchar su mensaje o recibir su toque sanador, él permaneció firme en su decisión. No permitió que nada lo distrajera y avanzó hacia Jerusalén, hacia la cruz y hacia la victoria sobre el mal.
La determinación jugó un papel crucial en la búsqueda de poder de Julio César y también fue un factor clave en el ministerio de Jesús. Hoy te animo a expresar la misma determinación que Jesús en tus aspiraciones. Elimina de tu camino cualquier distracción y cuando el desánimo aparezca, repite como Julio César: Alea iacta est. La suerte está echada.