Matutina para Menores | Miércoles 11 de Octubre de 2023 | ¿Cómo tratas a tu hermano?

¿Cómo tratas a tu hermano?

“Quedarás cubierto de vergüenza y destruido para siempre, por haber maltratado […] a tu hermano Jacob” (Abdías 1:10).

Había una enemistad entre los edomitas y los israelitas que se remontaba a siglos antes de que Abdías escribiera. En aquella época, mientras los israelitas vivían en Egipto, les pidieron permiso a los edomitas para cruzar por sus tierras (les dijeron que no comerían ninguno de sus productos ni beberían agua de sus pozos), pero ellos no se lo permitieron. Al contrario, los amenazaron diciendo que si se atrevían a cruzar sus tierras saldrían armados contra ellos (Núm. 20:17, 18). Así que los israelitas tuvieron que rodear el territorio de Edom. Pero Dios les indicó a los israelitas: “No deben despreciar a los edomitas, porque son parientes de ustedes” (Deut. 23:7).

Tiempo después, los edomitas se opusieron al reinado de Saúl, pelearon en contra del rey Josafat y, por último, se rebelaron contra el rey Joram, hijo de Josafat (2 Crón. 21:16, 17). Si bien este pasaje no menciona a Edom, el versículo 8 dice: “Durante el reinado de Joram, Edom se rebeló contra el dominio de Judá y nombró su propio rey”.

Dios juzgó a Edom porque su orgullo lo llevó no solo a menospreciar a Israel, sino también a alegrarse de sus desgracias y ayudar a los enemigos de Israel. Los edomitas perseguían a los israelitas que huían, mataban a muchos y saqueaban sus ciudades (Abd. 1:12-14). Dios quería que los israelitas y los edomitas fueran amigos, porque descendían de los gemelos Jacob y Esaú. Desafortunadamente eso no ocurrió, porque los descendientes de Esaú (los edomitas) guardaron rencor contra los israelitas. El rencor y el orgullo de los edomitas tuvo consecuencias muy negativas para ellos. Más adelante, el profeta Ezequiel confirma la caída de Edom (Eze. 35:5).

En lugar de actuar como hermanos, los edomitas actuaron como enemigos, alegrándose de las injusticias que pasaban los israelitas. El apóstol Pablo asegura que el amor genuino se caracteriza porque no se goza de la injusticia, sino de la verdad (1 Cor. 13:6).

¿Quieres pedirle a Dios que te dé su amor para actuar como un verdadero hermano con quienes te rodean?

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