
El gran lutier
“ Luego el Señor Dios formó al hombre del polvo de la tierra. Sopló aliento de vida en la nariz del hombre, y el hombre se convirtió en un ser viviente”
(Génesis 2:7).
Paula Godoy es una de las pocas mujeres “lutier” en el mundo. Tal profesión se especializa en la construcción de instrumentos musicales, como violines, violas y violoncelos. El desempeño de Paula la ha llevado a distinguirse entre los mejores. Cada pieza construida es única, y ninguna se asemeja a la otra. Cada pieza es tallada y cepillada con especial cuidado, no con máquinas, sino a mano. En su taller, se construyen elegantes instrumentos que causan emoción a los oídos. Pero no solo eso, su profesión incluye también la reparación de instrumentos que se han dañado o han perdido la fidelidad de su sonido. “Soy feliz cuando uno de mis instrumentos suena, nada me causa más placer, es una gran emoción”, afirma Paula.
El taller de Paula me hizo pensar indiscutiblemente en el taller de Dios. Adán y Eva fueron labrados por las manos del “Gran Lutier” y perfeccionados para que sus vidas tocaran una sinfonía de notas insuperables. Sin embargo, un día, algo salió mal. Aquella placentera melodía adoptó un aire tenebroso que nunca antes habían percibido, pues el pecado había entrado para hacer sonar sus notas de amargura y de discordia. Desde entonces, el “Gran Lutier” ha estado ocupado en la reparación de su obra más preciosa: el ser humano.
Desde antes que nazcan, Dios tiene planes para sus hijos. Nos forma con delicadeza y pone en nosotros características y dones especiales que no repite en ninguna otra persona en el mundo. De esta forma, Dios se complace al ver a sus hijos andar en sus caminos. Nada le causa mayor alegría que ver a los instrumentos de sus manos llevando melodías de amor y esperanza por el mundo. En ocasiones solemos decir: “¡Señor, hazme un instrumento para ti!” cuando, en realidad, ya somos sus instrumentos. La pregunta es: ¿Cómo suena tu vida?
Es posible que sientas que tu vida necesita ser reparada, quizás ha pasado mucho tiempo sin que emitas melodías o, posiblemente, tus acordes suenan desafinados. La buena noticia es que puedes acudir al taller del “Gran Lutier”. Él te hizo y sabe qué necesita para repararte. Dios estará muy emocionado de verte actuar en el escenario de esta obra llamada vida.