
Fue la mano de Dios, ¿estás segura?
“Que ninguno engañe a su prójimo; antes bien, respeten a su Dios. Yo soy el Señor, su Dios” (Levítico 25:17, BLPH).
El estadio Azteca fue testigo de la coronación de Argentina, quien se proclamaba campeón de la copa mundial de fútbol en 1986. Casi al concluir el tiempo del partido, Diego Armando Maradona saltó para alcanzar la pelota con la cabeza, al tiempo que se impulsaba con su brazo izquierdo, que tocó la pelota antes que su cabeza. La pelota fue a dar al fondo de la red y los argentinos gritaron su gol. ¿Era de verdad un triunfo merecido? Durante muchos años, el futbolista calló la verdad. Sin embargo, llegó el día de revelar su tramposo gol. Dijo a la prensa que el gol había sido parte por su cabeza y parte por “la mano de Dios”. Desde entonces, el gol fue bautizado bajo el título “la mano de Dios”. Pero no hay nada más alejado de la verdad, pues Dios no intervino en esa tramposa jugada.
Algo similar hizo Atalía, quien estaba resuelta a ser coronada reina, aunque esto implicara hacer trampa y matar a toda la descendencia real. Durante seis años ocupó el trono, lugar que no le correspondía, pero que había conseguido por medio de artimañas. No había sido la mano de Dios quien la puso en el trono, pero sí fue la mano de Dios quien la quitó del mismo.
Por mucho tiempo que una persona tenga en sus manos un triunfo que no le corresponde, llegará el día en que todo saldrá a la luz. Hacer trampa para saborear una victoria no nos hace mejor que el rival. Sé que nunca has hecho una acción tan irracional como al de Atalía para obtener un triunfo, pero es posible que, en algún momento, hayas llevado un acordeón con las respuestas al examen y obtuviste una buena nota. O, quizás, has dicho mentiras respecto a tu historial educativo con tal de obtener un empleo. Algunos hacen trampa en las carreras, cortando vueltas o tomando sustancias de alto rendimiento, otros compran credenciales para aumentar sus votos, entre otros. Se nos presentan muchas oportunidades en las que obtendríamos mayor beneficio pasajero si hiciéramos trampa.
Como hijas de Dios, sabemos que en cada situación de la vida debiéramos actuar con rectitud y franqueza, aunque esto signifique no obtener siempre los primeros lugares. Nuestra carrera cristiana debe estar libre de trampas, pues al cielo no llegará ningún tramposo. La corona será puesta al limpio de manos y puro de corazón.