Miércoles 01 de Junio de 2022 | Matutina para Adolescentes | Superpaloma

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Superpaloma

“¿Cuánto cuestan dos gorriones: una moneda de cobre? Sin embargo, ni un solo gorrión puede caer a tierra sin que el Padre lo sepa” (Mateo 10:29, NTV).

En este día de 1845, una paloma mensajera hizo un viaje increíble desde Namibia, en el sur de África, hasta Londres, Inglaterra, recorriendo más de 10.600 kilómetros en 55 días. ¡Ese sí que es un viaje muy largo! ¡Qué pájaro! Las palomas mensajeras pueden volar a velocidades de hasta 100 kilómetros por hora. Se las llama palomas mensajeras o portadoras porque se utilizan a menudo para llevar mensajes. El mensaje se escribe en un papel fino, ligero, que se enrolla en un pequeño tubo y se ata a la pata del ave.

Las palomas mensajeras se utilizaban ya en 1150 en Irak; también las usó más tarde el brutal bárbaro Gengis Khan. En tiempos de guerra en Europa, las palomas se utilizaban para entregar mensajes a los cuarteles militares. Durante la Primera Guerra Mundial, una famosa paloma mensajera llamada Cher Ami recibió una medalla por su valentía al entregar doce mensajes importantes, a pesar de haber sufrido graves heridas. Cuando una paloma mensajera es llevada a un lugar y soltada, tiene una capacidad natural para encontrar el camino de vuelta a su casa a través de distancias extremadamente largas, incluso en territorio desconocido. Lo más probable es que las palomas utilicen su sentido del olfato, así como puntos de referencia visuales, para guiarse cuando vuelan. Se ha observado que dan giros de 90º cuando se encuentran con una carretera que cruza aquella por la que viajaban.

Las golondrinas y los chorlitos son bien conocidos por su capacidad para migrar largas distancias. También lo son los patos, los gansos y los cisnes. Pero, en lo que respecta a la migración, los charranes árticos les llevan la delantera a sus homólogos voladores. Se sabe que vuelan hasta 18.000 kilómetros para llegar a sus destinos de verano o de invierno. Dios creó a las aves con la capacidad y el instinto de encontrar su camino. Algunos creen que se trata de un pequeño trozo de metal incrustado en su cráneo, que sirve de guía según las fuerzas magnéticas, como una brújula. Otros creen que se trata simplemente del Espíritu de Dios que actúa en ellas, un sexto sentido que se les dio en la creación.

Las aves nos enseñan muchas lecciones sobre el cuidado de Dios. Por muy pequeñas que sean, Dios sigue cuidando de ellas a diario, protegiéndolas y dándoles alimento. Si puede hacerlo por ellas, no nos equivoquemos: puede hacerlo por nosotros.

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