Miércoles 25 de Agosto 2021 | Matutina para Jóvenes | La ceguera de Giezi

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La ceguera de Giezi

“Y oró Eliseo, y dijo: Te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea” (1 Rey. 6:17).

En su libro Skyscrapers, Eric Hare hace una interesante reflexión sobre cómo Dios nos habla por medio de su providencia. El autor C. L. Paddock cuenta la historia de un barco que naufragó en el Océano Pacífico. Solo hubo un sobreviviente, que fue llevado por las olas a la orilla de una pequeña isla deshabitada. Con algunas maderas y otros restos del naufragio, construyó una pequeña choza. Sobre un palo puso una frazada, a modo de bandera, con la intención de llamar la atención de algún barco que pasara. Cada día oraba para que Dios le enviara un barco para salvarlo.

Pero nada sucedía. Pasaron los días y las semanas. Él seguía orando y esperando.

Un día, mientras regresaba de cazar huevos de aves marinas y cosechar yucas silvestres, se horrorizó al ver su pequeña choza en llamas. ¡Cuán desanimado estaba! Había orado todos los días pidiendo liberación, se había adaptado a esta situación de vida extrema, ¡y ahora su única comodidad había desaparecido!

Unas horas más tarde, apareció un barco en el horizonte. Se acercó cada vez más y, en una pequeña balsa, envió algunos marineros para rescatar a este hombre. Cuando llegó al barco, el capitán le dijo: “Vimos tus señales de humo y nos imaginamos que podía tratarse de algún sobreviviente del naufragio”. En ese momento, los ojos del náufrago fueron abiertos y le agradeció a Dios por el hecho de que su choza se había incendiado.

En un momento, el profeta Eliseo estaba frustrando uno a uno los planes de ataque del ejército sirio. Dios le revelaba lo que iba a suceder, y el profeta se lo comunicaba al rey de Israel, quien se adelantaba a las acciones del rey de Siria. El rey de Siria, al enterarse de lo sucedido, mandó capturar a Eliseo. A la mañana siguiente, Giezi, el siervo del profeta, vio que había un ejército con caballos y carros fuera de la ciudad. Desesperado, preguntó qué harían, a lo que Eliseo respondió que no tuviera miedo, porque ellos eran más que el enemigo. Ahí Eliseo oró: “Te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea”. Y Giezi vio que el monte sobre el que se encontraban también estaba protegido por un ejército.

Quizás hoy estás orando por algo sin aparente respuesta, pero pídele a Dios que abra tus ojos y puedas entender sus obras providenciales.

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