Miércoles 28 de Diciembre de 2022 | Matutina para Menores | Manos de amor

Manos de amor

“En las palmas de mis manos, te he grabado” (Isaías 49:16 p.p.).

–Mamá –dijo Marisa– por favor, cuando vengan mis amigas, no salgas, no quiero que te vean. Yo puedo entrar a la cocina y buscar las cosas que preparaste. Tú quédate aquí nomás, ¿está bien?

La mamá comprendió mucho más de lo que su hija pensaba. Con esfuerzo proveía todo para su adorada Marisa, pero, ahora que ella era más grande, había algo que llamaba la atención de Marisa, y la molestaba. Eran las manos de su mamá. Se avergonzaba de su madre, pues tenía las manos más feas que alguna vez haya podido ver.

Una noche, su madre decidió contarle la historia que había evitado compartir con ella. Con voz temblorosa, comenzó diciendo:

–He esperado mucho tiempo para contarte esta historia… Cuando eras muy pequeñita, una tarde tuve que salir de casa para hacer un mandado. No tenía con quién dejarte, así que quedaste durmiendo en tu cunita. Al regresar, ¡qué espanto!, había fuego. Si cierro los ojos puedo ver ese horrible resplandor anaranjado. Desesperada, intenté correr dentro, pero diez pares de manos me retuvieron. Solo podía pensar en ti, solita en tu cuna. Así que me zafé y entré a la casa. Gracias a Dios, todavía no había fuego en tu dormitorio. Así que te envolví en mis brazos y salí. Al bajar la escalera, me faltó el aire, y lo siguiente que recuerdo es que abrí los ojos en el hospital y pregunté por ti. Solo pude respirar en paz cuando una enfermera me dijo que estabas bien. Al mirar mis manos, supe que no sería la misma, pero todo había valido la pena.

Como te imaginarás, Marisa tenía los ojos llenos de lágrimas.

–¡Mami! Tus manos son las más hermosas del mundo –dijo sollozando. Madre e hija se abrazaron fuertemente, y Marisa nunca más se avergonzó de las manos de su buena madre, pues ahora conocía la historia completa.

¿Sabes? Hace mucho tiempo Alguien también quedó con sus manos arruinadas, no por el fuego, sino por crueles clavos. Pero a Jesús tampoco le importó, porque esas cicatrices son un símbolo de su amor por ti.

Por la eternidad, Jesús tendrá en sus manos las marcas de su sacrificio. ¿Quieres agradecerle por esas manos de amor que proveyeron tu salvación? Dile: “Jesús, me salvaste y las cicatrices en tus manos me recuerdan lo que hiciste por mí. ¡Gracias!”

Cinthya

(Adaptado de Arturo Maxwell, “Amor de madre”, en Mis historias favoritas [Asociación Publicadora Interamericana, 1988], t. 1, pp. 160-163).

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2 comentarios
  • No debemos de descrimar a nuestra madre, porque aún tengan sus manos feas arrugadas esas manos no sirvieron muchos desde que nacimos hasta ahora . Y tampoco debemos de avergonsanos de ellas por las manos ,sino darle amor. Aprecios hidratarse las todos los días con cremas que tengan vitaminas y que no le reseque esa piel . Por qué esas manos nos sirvieron y nos dieron mucho amor.

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