Sábado 04 de Diciembre de 2021 | Matutina para Adolescentes | ¿Qué clase de hombre es este?

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¿Qué clase de hombre es este?

“Los discípulos no salían de su asombro, y decían: “¿Qué clase de hombre es este, que hasta los vientos y las olas le obedecen?” (Mat. 8:27, NVI).

Jesús se sentía agotado. Tanto él como sus discípulos necesitaban alejarse de las multitudes que los seguían constantemente. Necesitaban un descanso urgentemente. Así que les dijo a los discípulos que abordaran un bote y cruzaran hacia el otro lado del lago de Galilea. Este lago está rodeado de colinas y, dependiendo de la temporada, puede estar entre 208 y 213 metros por debajo del nivel del mar. Es frecuente que masas de aire denso se deslicen repentinamente por las colinas, incluso cuando el cielo está despejado, provocando tormentas violentas. Así que mientras las olas amenazaban con hundir su pequeño bote, los discípulos notaron aterrorizados que Jesús se había quedado dormido. Al despertarlo, le suplicaron: “¡Señor, sálvanos! ¡Nos estamos hundiendo!”

Él les contestó: “ ‘¿Por qué tanto miedo? ¡Qué poca fe tienen ustedes!’ Dicho esto, se levantó y dio una orden al viento y al mar, y todo quedó completamente tranquilo” (Mat. 8:25, 26). La transformación repentina del clima sorprendió en gran manera a los discípulos. Cualquiera se asombraría con algo así. Pero su asombro era por otra razón. Marcos agrega que los discípulos estaban “espantados” (Mar. 4:41, NVI) y Lucas dice que tenían “temor y asombro” (8:25, NVI). Los tres Evangelios presentan luego la exclamación: “¿Qué clase de hombre es este, que hasta los vientos y las olas le obedecen?” Lo que asombró a los discípulos fue algo más que haber podido calmar el mar. Jesús había hecho algo que solo el mismo Dios podía hacer. De acuerdo al Antiguo Testamento, solo Dios puede reprender al mar (Sal. 104:6, 7). Solo él tiene poder sobre el mar (Job 9:8; 26:12, 13; Sal. 89:9; 107:29; Isa. 51:9, 10).

Craig S. Keener nos recuerda en su Comentario del contexto cultural de la Biblia que “en la tradición judía, la autoridad absoluta sobre las olas y el mar pertenecía solo a Dios”. De hecho, el Antiguo Testamento vincula constantemente la forma verbal de la palabra “reprensión” con el nombre más sagrado de Dios: “Yavé”.

Los discípulos se preguntaron qué clase de hombre era Jesús, porque había hecho algo que solo Dios podía hacer. Los judíos consideraban una blasfemia reclamar las prerrogativas y el poder de Dios. O Jesús estaba cometiendo blasfemia, o en verdad era Dios.

Jesús demostró nuevamente su autoridad divina cuando, al llegar a tierra, reprendió a los demonios (Mar. 5; ver Zac. 3:2).

GW

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