Sábado 08 de Enero de 2022 | Matutina para Mujeres | Adentrarse

Adentrarse

«Confía en el Señor con todo tu corazón; no dependas de tu propio entendimiento»

(Prov. 3:5, NTV).

Hace años, tomé un curso de escritura creativa en la Universidad de Hertfordshire, Inglaterra. Disfruté las clases, excepto por un detalle: al profesor le gustaba pregun­tarnos, al empezar cada lección, qué tipo de historia íbamos a escribir y cómo iba a terminar. Yo nunca sabía qué decir. ¿Cómo saber cómo va a terminar una historia antes de escribirla? Una historia es como un río: se abre camino a medida que fluye. Como escribe Madeleine L’Engle en Walking on Water [Caminar sobre el agua], hay una simi­litud entre escribir una historia y conocer a Jesús: «Lo que nos sentamos a escribir y lo que terminamos escribiendo puede ser muy diferente; así como el Jesús que alcanza­mos a entendery el que nos alcanza pueden ser diferentes también». Nuestra relación con Jesús es como un río: va creciendo y ganando caudal a medida que avanza.

Dios es más grande de lo que imaginamos o comprendemos. Seguirle implica estar dispuestas a desaprender ideas erróneas y restrictivas, como sucedió con los discípulos camino a Emaús. ¡Si hay algo de lo que podemos estar seguras es que nuestra historia no será como pensábamos! Jesús trasciende los conceptos teológi­cos con los que nos sentimos cómodas, nuestras preferencias musicales, nuestro sentido común… Si seguirá Jesús note desafía intelectual, emocional y socialmente, algo está mal: o bien lo estás siguiendo desde la orilla, sin adentrarte en su bondad, o estás siguiendo a otro, un mesías falso, un ídolo. Como escribe Anne Lamott en Pájaro a pájaro: «Puedes estar seguro de que has creado a Dios a tu propia imagen cuando resulta que Dios odia a las mismas personas que tú odias». Si Dios está de acuerdo con todas tus opiniones, todo el tiempo, algo está mal.

Todavía me acuerdo que, cuando estaba aprendiendo a nadar, mi mamá se pa­raba en la parte profunda y me animaba a zambullirme. Ella se iba un poco más lejos cada vez, forzándome a ir más allá, donde ya no hacía pie. En esta aventura de fe que es la vida, Dios nos llama desde lo profundo, invitándonos a adentrarnos, obligándo­nos a depender de su sabiduría y no de las puntas de nuestros pies. Dios promete estar siempre a nuestro lado. Si se lo permitimos, escribirá una historia mucho mejor de la que podríamos imaginar.

Señor, confío en ti y no en mi propio entendimiento. Hoy estoy dispuesta a adentrarme, a ir más lejos que ayer, porque sé que estás conmigo.

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