Sábado 10 de Septiembre de 2022 | Matutina para Adultos | ¿Fiel a mí mismo?

¿Fiel a mí mismo?

“Conoce, pues, que Jehová, tu Dios, es Dios, Dios fiel, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos, hasta por mil generaciones” (Deuteronomio 7:9).

“Sé fiel a ti mismo”. La frase está muy de moda hoy día. Transmite la idea de ser sincero y honesto con uno mismo; conocer bien lo que uno cree y practicarlo. En un mundo que predica el evangelio de la autorrealización, encaja a la perfección. Pero hay un problema con esta filosofía de la vida, tal como lo ilustra el pastor Mark Buchanan en el siguiente relato (Your God is too safe, p. 72).

Es el caso de una boda que Buchanan debía oficiar, pero la pareja de novios insistía en escribir sus propios votos matrimoniales. Cuidadoso de lo que esos votos “personales” dicen a veces, él pidió revisarlos. En particular, le llamó la atención una frase que el novio había escrito en sus promesas a la novia. Decía: “Te prometo ser fiel a mí mismo”.

“¿Sería eso lo que el novio quería decir?”, se preguntó Buchanan. Entonces le preguntó si estaba seguro. Cuando el novio respondió que estaba completamente seguro, Buchanan replicó:

–Quizá lo que pasa es que eres muy diferente a mí –le dijo–. Te explico por qué. Hay en mí una parte que es generosa, confiable, responsable… Pero hay otra, quizá la mayor, que es holgazana, lujuriosa, ambiciosa… ¿A cuál de esas dos partes le he ser fiel?

¡Muy buena pregunta, Mark Buchanan! Muy buena, porque reconoce la realidad de la naturaleza humana, y porque acepta, al igual que lo hizo el apóstol Pablo siglos atrás, “que el mal está en mí” (Rom. 7:21); es decir, que hay en el corazón humano una permanente lucha entre el bien y el mal; y que, al final, “no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero” (vers. 19).

¿La solución a este dilema? La solución –escribe Buchanan– está en decidir que no seré fiel a mí mismo, sino a Dios. Ahora bien, ¡mucho cuidado! No estoy diciendo aquí que no seré fiel a mis convicciones, a mis principios. No. Lo que estoy diciendo es que, entre ser fiel a mí mismo y ser fiel a Dios, prefiero ser fiel a Dios, porque yo soy débil y mi corazón es engañoso, pero mi Dios “es fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira y grande en misericordia y verdad” (Éxo. 34:6).

¿Qué más puedo pedir?

Padre celestial, en este momento te entrego mi vida. Ayúdame a creer que “tu fidelidad permanece para siempre” (Sal. 117:2, RVC).

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