Domingo 03 de Julio de 2022 | Matutina para Adultos | “¿Qué te pasó, Elías?”

“¿Qué te pasó, Elías?”

“Luego de caminar todo un día por el desierto, [Elías] fue a sentarse debajo de un enebro. Entonces se deseó la muerte y dijo: ‘Basta ya, Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres’ ” (1 Reyes 19:4).

Lo ocurrido en el Carmelo no fue una victoria cualquiera. Elías, en el nombre del verdadero Dios, asestó una aplastante derrota a 850 profetas de Baal y Asera que comían en la mesa de Jezabel. Pero entonces sucedió algo inaudito. Cuando Jezabel lo amenazó de muerte, Elías huyó para salvar su vida (ver 1 Rey. 19:3). ¿Tanto poder tenía la malvada Jezabel?

Sí, tenía mucho poder. Pero Elías nunca debió huir; mucho menos después de haberse demostrado en el Carmelo quién era el verdadero Dios. Y nunca debió llegar al extremo de pedir a Dios que le quitara la vida. “Si hubiese permanecido donde estaba, si hubiese hecho de Dios su refugio y fortaleza […] habría sido protegido de todo daño” (Profetas y reyes, p. 118). ¿Qué le pasó a Elías?

Pues lo que pasó fue que “Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras” (Sant. 5:17). Él había esperado que, después del milagro en el Carmelo, Jezabel perdiera gran parte de su influencia sobre Acab, y no fue así. Su sorpresa, por lo tanto, tuvo que haber sido muy grande cuando recibió “el decreto de muerte” de parte de Jezabel. Si a estos factores añadimos que Elías se encontraba física y emocionalmente extenuado, entonces no es difícil entender por qué el desánimo se apoderó de él.

¿Cómo trató Dios al desalentado profeta? En lugar de recriminarle su conducta cobarde, lo dejó dormir (1 Rey. 19:5); luego lo alimentó (vers. 6, 7); y, después de que hubo descansado suficiente, amorosamente le recordó que no estaba solo en su lucha contra el mal, pues había en Israel siete mil fieles que no se habían inclinado ante Baal (vers. 18).

¿Cuándo amó Dios más a Elías? ¿Cuando en el Carmelo prevaleció sobre los falsos profetas o cuando, bajo el enebro, deseó la muerte? Lo amó tanto en la cumbre del triunfo como en el valle del desánimo. Con ese mismo amor te ama tu Padre celestial: en tus triunfos y en tus fracasos, en tus alegrías y en tus tristezas, tanto en tus buenos como en tus malos momentos.

Padre celestial, ayúdame a recordar en mis momentos más sombríos que estarás a mi lado todos los días, hasta el fin del mundo.

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