Miércoles 11 de Mayo de 2022 | Matutina para Adultos | Dios bondadoso y compasivo

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Dios bondadoso y compasivo

“Así que [Jonás] oró al Señor de esta manera: ‘¡Oh, Señor! ¿No era esto lo que yo decía cuando todavía estaba en mi tierra? Por eso me anticipé a huir a Tarsis, pues bien sabía que tú eres un Dios bondadoso y compasivo, lento para la ira y lleno de amor, que cambias de parecer y no destruyes. Así que ahora, Señor, te suplico que me quites la vida. ¡Prefiero morir que seguir viviendo!’ ” (Jonás 4:2, 3, NVI).

La primera vez que encontramos a Jonás orando en el libro que lleva su nombre, está dentro del vientre del gran pez, y es para pedir que Dios le salve la vida. La segunda vez que ora, es para que Dios le quite la vida. ¿Cómo explicar semejante contradicción?

Lo que sucedió, básicamente, es lo que dice nuestro texto de hoy: el profeta anunció a los habitantes de Nínive que serían destruidos a menos que se arrepintieran. El caso es que se arrepintieron, comenzando con el mismo rey. Entonces, fiel a su naturaleza misericordiosa, Dios los perdonó, ¡y este hecho enfureció mucho al profeta!

Ahora bien, ¿no debía Jonás regocijarse por el arrepentimiento de los ninivitas? No hay que olvidar que, por ser judío, Jonás creció en un ambiente donde se consideraba a Asiria –y a Nínive, la capital– como enemiga de Israel. Por otra parte, sin embargo, ¿no sabía él que Dios es “bondadoso y compasivo, lento para la ira y lleno de amor”? Sí lo sabía, pero en su mente no encajaba la idea de que Dios pudiera ser con Nínive tan compasivo como lo había sido con Israel.

Lo más interesante del relato es que Jonás en ningún momento se da cuenta de que, no solo los ninivitas, ¡sino también él es objeto de la misericordia de Dios! Primero, lo salva milagrosamente del vientre del gran pez (cap. 2). Luego, le da una segunda oportunidad (3:1). Y ahora, en lugar de quitarle la vida, pacientemente razona con él para que entienda que el amor de Dios no conoce fronteras.

Y ahora la gran pregunta: el que tuvo piedad de Nínive, donde más de 120 mil personas no tenían discernimiento moral, ¿no tendrá también piedad de ti y de mí, si hoy decidimos arrepentirnos? ¿No tendrá también piedad de aquellos a quienes consideramos indignos de la salvación?

Gracias, Padre celestial, porque tu amor no hace acepción de personas, y porque no hay un ser humano tan pecador que tu gracia no pueda perdonar. En este momento te pido que la preciosa sangre de tu Hijo me limpie de todo pecado, y me capacite para vivir de un modo que glorifique tu nombre.

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