Domingo 08 de Enero de 2023 | Matutina para mujeres | El miedo y el prejuicio

El miedo y el prejuicio

Y Abraham respondió: Porque dije para mí: Ciertamente no hay temor de Dios en este lugar, y me matarán por causa de mi mujer. Génesis 20:11.

Abimelec fue prevenido por Dios de cometer adulterio. El rey responsablemente reunió a sus siervos y les describió el sueño enviado de Dios; estos respondieron con un reverente temor que les evitó una muerte segura.

Abimelec envía a llamar a Abraham y lo confronta con su mentira o verdad a medias. Abraham sigue el mismo patrón de cualquier mentiroso cuando es confrontado, justifica su mentira con dos excusas: no hay temor de Dios en Gerar, y sí existía una relación consanguínea entre él y Sara.

“Las palabras de censura de Abimelec deben haber sido humillantes en extremo. El que había sido comisionado para representar —por precepto y por ejemplo— al Dios verdadero ante los habitantes de Canaán, ahora merecía el reproche de uno de sus gobernantes paganos. Su falta no solo había enturbiado la felicidad de su propio hogar sino que también se había convertido en una ocasión de sufrimiento para el pueblo de cuya hospitalidad disfrutaba” (1CBA. p. 353).

Abraham había juzgado muy rápidamente a los habitantes de Gerar. Su miedo lo llevó a cultivar un pensamiento prejuiciado, actuar con ligereza y mentir. Nuestros miedos e independencia de Dios, así sea por un instante, pueden llevarnos a cometer actos no pensados o llenos de prejuicios, en los que suframos no solo nosotras sino también nuestros seres amados y personas inocentes que nos rodean.

Cuesta entender cómo Abraham estaba más dispuesto a entregar a su amada esposa para ser mancillada que morir por ella. Prefirió engañar al rey que pedir la intervención divina. Si hoy estás confrontando una situación con problemas potenciales, no confíes en tu propio discernimiento. Puede ser que no sepas cómo salir de esa situación sin que nadie sea afectado y creas que no hay escape posible, pero Dios puede intervenir de la manera que menos esperas.

La misericordia y la gracia de Dios se capta en todo el Antiguo Testamento, y son asombrosas. Dios no castiga la mentira de Abraham, sino que por el contrario lo envía para que interceda en oración por Abimelec. El propósito de Dios fue alcanzado, nadie salió afectado y Abraham habría de aprender a no juzgar apresuradamente a alguien por su trasfondo no religioso. Y a no mentir.

Ruega a Dios en este día que te ayude a no hacer juicios apresurados ni suspicaces.

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