Domingo 15 de Agosto 2021 | Matutina para Mujeres | Intolerancia versus tolerancia

Intolerancia versus tolerancia

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“Revístanse de sentimientos de compasión, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia” (Col. 3:12).

Cuando los discípulos vieron a las madres llevar a sus niños a Jesús, las reprendieron; pero viendo esto, el Maestro alzó la voz y les dijo: “Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan, porque el reino de los cielos es de quienes son como ellos” (Mat. 19:14). Por supues­to, no es este el único episodio bíblico de intolerancia evidente. Existen más pasajes, pero para muestra basta un botón. 

La intolerancia no es un invento del siglo XXI; es tan antigua como el mismo ser humano después del pecado. Se manifiesta cuando tenemos difi­cultades para aceptar ciertas opiniones, actitudes y conductas de otras perso­nas, que son de alguna manera diferentes a los nuestros o que están alejados de nuestros propios intereses y maneras de pensar.

En la actualidad, la intoleran­cia se puede palpar en casi cualquier lugar: adultos intolerantes a la natura­leza juvenil e infantil; jóvenes que no toleran a los más mayores; hombres y mujeres intolerantes a las diferencias propias de los géneros o de la ideología política… Y eso no es todo, pues en ocasiones somos intolerantes a las creen­cias religiosas de otras personas, y nos jactamos de tener la verdad. 

La Biblia es muy clara respecto a la importancia de que seamos tolerantes. En palabras del apóstol Pablo y, a manera de súplica, recibimos la siguiente exhortación: “Por esto yo, que estoy preso por la causa del Señor, les ruego que se porten como deben hacerlo los que han sido llamados por Dios, como lo fueron ustedes. Sean humildes y amables; tengan paciencia y sopór­tense unos a otros con amor; procuren mantener la unidad que proviene del Espíritu Santo, por medio de la paz que une a todos” (Efe. 4:1-3). 

La consideración y el respeto son manifestaciones evidentes de tolerancia. La mayor prueba de tolerancia cristiana consiste en que nos demos la mano y caminemos juntos, haciendo un equipo en el nombre del Señor, a pesar de todas las cosas en las que no coincidimos. Si podemos dejar a un lado nues­tras diferencias para ponernos de acuerdo, estaremos ayudando a que el mundo sea un lugar seguro, grato y armonioso para vivir. 

Que nuestra oración sea: “Padre celestial, no permitas que la intoleran­cia, la falta de amor, la impaciencia y el orgullo maten mi conciencia. Perdo­na mi estrechez espiritual. En Cristo Jesús, amén”.

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