Domingo 19 de Septiembre de 2021 | Matutina para Mujeres | ¿Quién manda en la casa? – III

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¿Quién manda en la casa? – III

“Estén sujetos los unos a los otros, por reverencia a Cristo” (Efe. 5:21).

Es imposible cerrar esta serie de reflexiones sobre el liderazgo com­partido en el hogar, sin señalar como piedra angular el orden de Dios para la familia, expresado en el registro bíblico con las siguientes pa­labras: “Estén sujetos los unos a los otros, por reverencia a Cristo. Las espo­sas deben estar sujetas a sus esposos como al Señor […]. Esposos, amen a sus esposas como Cristo amó a la iglesia y dio su vida por ella […]. Hijos, obe­dezcan a sus padres como agrada al Señor, porque esto es justo. El primer mandamiento que contiene una promesa es este: ‘Honra a tu padre y a tu ma­dre, para que seas feliz y vivas una larga vida en la tierra’ […]. Y ustedes, pa­dres, no hagan enojar a sus hijos, sino más bien edúquenlos con la disciplina y la instrucción que quiere el Señor” (Efe. 5:21, 22, 25; 6:1, 4).

Dios desea que seamos felices en nuestra familia terrenal, pues es una extensión de la eternidad. Los hijos deben obedecer en el Señor a sus padres en todo. Los hijos deshonran a sus padres y a Dios cuando usurpan el rol de estos y se rebelan a su autoridad; asimismo, los padres deben hacer que sus hijos obedezcan sin provocarlos a ira; es decir, con una autoridad cristiana basada en un amor profundo.

Por su parte, las esposas no arrebaten el lideraz­go que les corresponde a sus esposos; deben recordar en todo momento que Dios los ha puesto como sacerdotes de la familia. Así también, los esposos rudos y autoritarios están muy lejos del ideal de Dios, por más que piensen que lo están haciendo bien. La Biblia es muy clara: los esposos deben amar a sus esposas con amor sacrificial, como el que Cristo nos mostró a los seres humanos cuando estuvo dispuesto a morir por nosotros en la cruz. 

Esposos y esposas, padres y madres, hijos e hijas cumpliremos con este ideal cuando permitamos con docilidad y humildad que Cristo Jesús more en nuestro corazón y su presencia se haga evidente en el hogar a través de nuestro comportamiento. Sigamos sus instrucciones, que tuvieron, tienen y tendrán validez para toda familia que desea formar parte de la gran familia de Dios.

¿Quién debe mandar en casa? Los principios y valores del evangelio, acata­dos por unos esposos que comparten el liderazgo y puestos en práctica por unos hijos que, a su debido tiempo, pueden ir tomando decisiones.

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