Domingo 25 de Septiembre de 2022 | Matutina para Adultos | Él es el pastor, y también la puerta

Él es el pastor, y también la puerta

“Yo soy la puerta: el que por mí entre será salvo; entrará y saldrá, y hallará pastos” (Juan 10:9).

Para entender nuestro texto de hoy, hemos de comenzar a leer desde el capítulo nueve del Evangelio de Juan. Ahí el apóstol relata el milagro de la curación del ciego de nacimiento y su posterior expulsión de la sinagoga. Después de haber sido sanado, el hombre confesó públicamente: “Si este [Jesús] no viniera de Dios, nada podría hacer” (Juan 9:33).

¿Cómo pudo esa “ovejita”, a pesar de tenerlo todo en su contra, reconocer en Jesús al Buen Pastor? Porque “él llama a sus ovejas por nombre” y ellas “oyen su voz” (Juan 10:3).

Los fariseos eran, en teoría, los pastores de Israel, pero en lugar de cuidar del rebaño, lo trataban de manera hostil. Cerraban la puerta a quienes querían entrar y expulsaban a quienes no querían salir. Esto explica por qué expulsaron de la sinagoga al ciego que había sido sanado; y también explica por qué Jesús los llamó “ladrones y salteadores” (vers. 1, 8). A los tales las ovejas no escuchaban; pero sí a Jesús, porque él es no solo el pastor, sino también la puerta del redil.

¿Qué quiso decir el Señor cuando afirmó: “Yo soy la puerta”? En la antigua Palestina, los apriscos eran generalmente cuevas naturales. Hacia ellas conducía el pastor a las ovejas a la caída de la tarde y se aseguraba de que todas ingresaran. Donde no había cuevas, los pastores construían un recinto de piedras, con una pequeña abertura que servía de entrada. Lo interesante de estos apriscos era que, ya se tratara de cuevas o recintos de piedras, el pastor dormía a lo largo de la entrada, bloqueando así el acceso a cualquier enemigo, e impidiendo además la salida de las ovejas. En otras palabras, ¡el cuerpo del pastor era la puerta del redil!

¿No es esto maravilloso? Al decir que él es la puerta, lo que Jesús está afirmando es que no hay otra manera de entrar en el redil que no sea por medio de la Puerta, que es él. Dicho en otras palabras, solo él es “el camino, la verdad y la vida” (Juan 14:6); solo en él hay salvación (Hech. 4:12).

Hay todavía otra preciosa enseñanza en el texto. ¿Qué te dice el hecho de que el ladrón primero tenía que vérselas con el pastor si quería llegar hasta las ovejas? Pues siendo que él es tanto el pastor como la puerta del redil, ¡entonces nadie te puede tocar sin su permiso!

Gracias, bendito Jesús, porque en ti encuentro seguridad, protección y salvación. Ayúdame a siempre reconocer tu voz y a seguirte doquiera tú me guíes.

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