Domingo 26 de Diciembre de 2021 | Matutina para Mujeres | La vida es como un viaje

La vida es como un viaje

“Nosotros somos ciudadanos del cielo, y estamos esperando que del cielo venga el Salvador, el Señor Jesucristo” (Fil. 3:20).

Recuerdo haber hecho, en una ocasión, un viaje de unas cuan­tas horas en tren, desde mi casa a la casa de mis tíos. Los boletos de segunda clase nos ubicaron en la parte final de uno de los últimos va­gones. A diferencia de los boletos de primera clase, los asientos no eran acolchados; eran de madera y, después de algún tiempo, era incómodo seguir sentados en una superficie tan dura. A mitad del viaje, era necesario abrir las venta­nas, pues los vagones de segunda clase no contaban con aire acondicionado; entonces, yo comencé a contar los árboles y los cerros que se iban quedando atrás. A la hora del almuerzo, mi mamá desplegó un mantel sobre uno de los asientos y puso frente a la familia los alimentos. ¡Era realmente emocionante!

Al finalizar el viaje, llegué con la cara sucia por el humo negro que des­pedían los motores, despeinada por el aire constante que entraba por las ven­tanillas bajadas, pero con cientos de imágenes maravillosas en la memoria. Hasta ahora lo recuerdo como el mejor viaje de mi vida. Ni siquiera puedo ima­ginarme la comodidad de los vagones de primera, porque la experiencia me pareció sencillamente perfecta. 

Algunos comparan la vida con un viaje. Quiero apropiarme de esta com­paración en el día de hoy, para que reflexionemos juntas. Por supuesto, el viaje de la mujer cristiana por la vida se disfruta aunque haya “humo” y “viento”, porque sabemos que vamos hacia la eternidad, al encuentro más feliz que se puede tener. A medida que avanzamos, se dejan atrás experiencias pasadas y se construyen otras nuevas; cambian el ambiente, las circunstancias y las per­sonas. Todo ofrece un espectáculo digno de ser vivido intensamente. En la Biblia, leemos que somos peregrinos en este planeta, pero nuestra ciudada­nía está en los cielos. Entonces ¿por qué hemos de ser sofocadas por las vicisi­tudes y los problemas del viaje? ¿Te lastima la dureza de algunas personas? ¿Te duelen las incomodidades de la vida presente? Recuerda que todo es pasajero y que todo edifica, si estás en la tarea de la renovación de tu entendimiento.

Dios nos ha invitado a su hogar, que será tuyo y mío muy pronto. Disfruta tu viaje por la vida aunque sufras incomodidades; ten siempre en mente que pronto verás a Dios y todo sufrimiento habrá terminado. Mientras viajamos, mantengamos viva la esperanza y seamos perseverantes.

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