El Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos. Mateo 20:28.
No debemos vivir para nosotros mismos. Cristo vino a este mundo para vivir por otros: no para ser servido sino para servir. Si os esforzĆ”is para vivir como Ć©l vivió, estarĆ©is diciendo al mundo: āContemplad al Hombre del Calvarioā. Por precepto y por ejemplo estarĆ©is conduciendo a otros en el camino de la rectitud.āManuscrito 11, 1885.
El pecado mĆ”s difundido que nos separa de Dios y provoca tantos trastornos espirituales contagiosos, es el egoĆsmo. No se puede volver al SeƱor excepto mediante la abnegación. Por nosotros mismos no podemos hacer nada; pero si Dios nos fortalece, podemos vivir para hacer bien a otros, y de esta manera rehuir el mal del egoĆsmo. No necesitamos ir a tierras paganas para manifestar nuestros deseos de consagrarlo todo a Dios en una vida Ćŗtil y abnegada. Debemos hacer esto en el cĆrculo del hogar, en la iglesia, entre aquellos con quienes tratamos y con aquellos con quienes hacemos negocios. En las mismas vocaciones comunes de la vida es donde se ha de negar al yo y mantenerlo en sujeción.
Pablo podĆa decir: āCada dĆa mueroā. 1 Corintios 15:31. Es esa muerte diaria del yo en las pequeƱas transacciones de la vida lo que nos hace vencedores…
Dios impone positivamente a todos sus seguidores el deber de beneficiar a otros con su influencia y recursos… Al obrar por los demĆ”s, se experimentarĆ” una dulce satisfacción, una paz Ćntima que serĆ” suficiente recompensa… Esto les proporcionarĆ” algo mĆ”s que una recompensa terrenal; porque todo cumplimiento fiel y abnegado del deber es notado por los Ć”ngeles, y resplandece en el registro de la vida…
Si deseamos disfrutar de la sociedad celestial en la tierra renovada, debemos ser gobernados aquĆ por los principios celestiales.āJoyas de los Testimonios 1:244, 245.
Libro: En los Lugares Celestiales | Fecha: 14 de agosto

