Jueves 01 de Septiembre de 2022 | Matutina para Adolescentes | Se encuentra el barco

Se encuentra el barco

“Me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón” (Jeremías 29:13, RVR 95).

Se han escrito libros sobre ello. Se ha representado en espectáculos de Broadway. Se han filmado películas. Su historia es una de las más conocidas en los Estados Unidos hoy en día. Cuando el Titanic se hundió en 1912, se fue para siempre a su tumba acuática, y desapareció. Nadie esperaba volver a verlo, pero eso fue antes de la era de los submarinos de alta tecnología y la fotografía de vídeo.

En 1985, en este día de la historia, el famoso buque transatlántico, fi­nalmen­te, fue encontrado bajo tres kilómetros de agua. Robert Ballard y su equipo de científicos encontraron el viejo barco en el fondo del Océano Atlántico, en donde había permanecido durante casi tres cuartos de siglo.

Setenta y tres años antes, en un día primaveral de abril, el Titanic había salido del puerto británico de Southampton, en su viaje inaugural por el océano Atlántico. En aquella época, era uno de los barcos más grandes y era toda una ciudad flotante. Los periódicos de la época decían que el Titanic era insumergible porque tenía compartimentos estancos en el fondo del barco. Estos compartimentos podían sellarse del resto del barco en caso de emergencia. Se oyó decir a un funcionario: “¡Ni el mismísimo Dios podría hundir este barco!”

Por desgracia, el barco se hundió. Después de unas pocas horas en el mar, el Titanic entró en un tramo de densa neblina y aguas llenas de témpanos de hielo. Chocó con uno de ellos, que abrió una brecha de 90 metros en su mamparo. En menos de tres horas, la ciudad flotante se llenó de agua, se rompió en dos partes y se hundió en el fondo del Atlántico.

Y ahí es donde el señor Ballard lo encontró en 1985, gracias a un equipo especial de sonar y un submarino robótico llamado Argo. Las dos grandes partes del Titanic y muchas piezas más pequeñas yacían justo donde el barco se había hundido tantos años antes. Por fin, después de muchos años de búsqueda, el poderoso Titanic había sido encontrado.

Jesús contó muchas historias sobre cosas que se perdieron y luego fueron encontradas: una oveja, una moneda, un tesoro enterrado, un joven. Nor­malmen­te, cuanto más valioso es algo, más nos arriesgamos para encontrarlo. Si quieres encontrar a Jesús y conocerlo mejor, él dice que lo buscarás con todo tu corazón. Eso no significa que Jesús no quiera ser encontrado; solo significa que él vale mucho.

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