Jueves 13 de Octubre de 2022 | Matutina para Jóvenes | Las heridas de la vida

Las heridas de la vida

«Unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando». Salmo 23: 5, RV95

En una oportunidad me regalaron un libro titulado ¿Por qué a la gente buena le ocurren cosas malas? Esta es una pregunta que ha atormentado la mente humana desde tiempos inmemoriales. Pero es una pregunta real.

No importa cuán bien nos esté yendo en un momento determinado, a todos nos puede atacar el infortunio.

Era el decimotercer sábado, y se acostumbraba celebrar la Cena del Señor ese día. Después de llevar a cabo esta actividad, el pastor decidió apartar jugo de uva y pan sin levadura para llevarlo a un grupo de hermanos que no habían podido asistir, porque se encontraban en el hospital. Al llegar a la entrada bajó de su vehículo y procedió a entrar cuando repentinamente se desató una balacera entre dos grupos armados. Un proyectil lo alcanzó e inmediatamente cayó al suelo. Allí, a su lado, quedó el estuche donde llevaba los emblemas que utilizaría para sus ovejas hospitalizadas.

Un hombre inocente, consagrado al Señor, cayó abatido en el ejercicio de su labor. En el campo de batalla siempre hay muertos y heridos. En la vida, que es una batalla, también hay heridos y muertos. Es inevitable.

A eso se refería David cuando dijo: «Unges mi cabeza con aceite». Muy a menudo las ovejas resultaban heridas por las piedras afiladas o por las zarzas que arañan y espinas que se clavan en la piel. Muchas veces las ovejas de David tenían que andar por caminos escarpados, bajo un sol candente y sin misericordia. Al terminar el día, estaban cansadas y agotadas. Así que el pastor se paraba en la puerta del aprisco al terminar el día y, a medida que iban entrando las ovejas, las examinaba una por una. Si la oveja tenía alguna herida, se la suavizaba, aplicándole aceite. Así la herida, en vez de infectarse, pronto sanaba.

Además, el pastor tenía un gran cántaro de arcilla, con forma de jarra, lleno de agua, que era capaz de mantenerla fresca mediante la evaporación. Cuando la oveja entraba, el pastor metía la vasija especial para tomar agua del cántaro hasta el fondo y la sacaba llena.

La oveja cansada tomaba tragos profundos de aquel líquido que le devolvía la vida. La vida es dura, de eso no nos quedan dudas, y te ocasionará heridas. Por eso, @Dios te dice hoy: «Yo sanaré tus heridas y te curaré con el bálsamo de mi amor».

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