Jueves 29 de Diciembre de 2022 | Matutina para Mujeres | Volver a casa

Volver a casa

“Los justos poseerán la tierra y vivirán allí para siempre” (Sal. 37:29, NTV).

“Ya no voy a necesitar esta casa. No tengo tiempo para arreglar las tejas. No tengo tiempo para arreglar el piso. No tengo tiempo para aceitar las bisagras o reparar el cristal de la ventana. Me estoy preparando para encontrarme con los santos…”

Así decía la letra de una pegadiza canción cristiana de los años 90. Lamentablemente, aún hoy muchas personas creen que prepararse para ir al cielo significa menospreciar la vida aquí, en la Tierra. El pastor y autor estadounidense Randy Alcorn, en “El cielo: de camino a casa”, escribe: “Cuando pensamos en el cielo como algo del más allá, nuestras vidas actuales parecen no espirituales, como si no importaran. Cuando captamos la realidad de la Tierra Nueva, nuestras vidas presentes de repente cobran importancia”. Este pequeño planeta azul se convertirá en nuestro hogar para siempre. La vida eterna implica volver a casa, a nuestra casa embellecida y renovada. No hay contradicción o dicotomía alguna entre vivir responsable y amorosamente aquí, en la Tierra, y prepararnos para el cielo.

Si lo hacemos con Cristo, todo nos prepara. Desde arreglar las tejas, hasta hacer un posgrado; desde aceitar las bisagras, hasta aprender una segunda lengua. Aun si oramos para que Jesús vuelva antes, podemos diseñar un plan de negocios para los próximos diez años. No es una pérdida de tiempo, ni demuestra falta de fe. Es administrar responsablemente los talentos que Dios nos dio, sabiendo que nuestra vida importa. “Las conversaciones con los seres queridos son importantes. El trabajo, el tiempo libre, la creatividad, y la estimulación intelectual son importantes. La risa importa. El servicio es importante”, escribe Randy. “Nuestra vida actual en la Tierra importa; no porque es la única vida que tenemos, sino precisamente porque no lo es: es el comienzo de una vida que continuará sin fin”.

Señor Jesús, quiero esperarte de manera activa. Quiero aprovechar cada oportunidad al máximo para capacitarme, para crecer y para servirte mejor. Mi trabajo es importante: me prepara para las responsabilidades que me darás en la Tierra Nueva (Apoc. 22:3).

Mi vida cotidiana no es menos espiritual que ir a la iglesia o cantar himnos. Cada momento que comparto contigo hace que mi amor por ti crezca. Cada vez que busco tu presencia, crece mi anhelo de verte regresar.

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