Lunes 06 de Septiembre 2021 | Matutina para Mujeres | Cuando es necesario decir “no”

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Cuando es necesario decir “no”

“Baste con decir claramente ‘sí’ o ‘no’. Pues lo que se aparta de esto, es malo” (Mat. 5:37).

Los niños son intuitivos y saben cuándo y cómo torcer la volun­tad de sus padres. Reconocen cuándo tú dices “¡no!” con firmeza y de­terminación, y cuándo pronuncias un “no” vacilante e inseguro. Mi primer consejo para ti en esta mañana es: nunca cedas después de haber dicho “no”. 

Recordemos que los límites razonables alimentan en el niño su sentido de seguridad. Cuando respondemos al chantaje emocional de los hijos y permi­timos que dobleguen nuestra voluntad, nuestra palabra pierde fuerza y el niño se convierte en un manipulador. Por eso es necesario que, antes de negar o consentir algo, nos tomemos tiempo para pensar y no reaccionemos, sino que actuemos por principio y no por impulso.

Decir “no” despreocupadamente puede llevarnos a tomar decisiones apresuradas y a dar después marcha atrás, lo que hace que las reglas del hogar se debiliten en la mente infantil. 

Es frecuente encontrar a padres que ejercen la paternidad teniendo como premisa fundamental el “aquí mando yo”. Eso se llama autoritarismo y dista mu­cho del concepto de autoridad. Si bien es cierto que los padres debemos llevar las riendas del hogar con firmeza, también es cierto que el sistema disciplina­rio impuesto en un hogar debe tomar en cuenta a los hijos como personas con necesidades especiales diferentes a las de los adultos.

Elena de White aconseja a los padres ejercer autoridad amorosa: “Mucho depende del padre y la madre. Ellos deben ser firmes y bondadosos en su disciplina, y deben obrar con el mayor fer­vor para tener una familia ordenada y correcta, a fin de que los ángeles ce­lestiales sean atraídos hacia ella y le impartan una fragante influencia y paz” (El hogar cristiano, p. 12).

¿Son compatibles la autoridad y el amor? Sí, lo son. La madre puede ejer­cer autoridad con persuasión y empatía hacia las necesidades del hijo, y con base en esto puede poner límites razonables con la finalidad de salvaguardar la integridad del niño y de proteger la armonía familiar. El niño entenderá que todo es fruto del amor.

Si queremos mostrar a los niños la imagen de Jesús como un padre amoro­so, ejemplifiquémoslo a través de nuestro comportamiento frente a ellos. Cada vez que mires a tus hijos, recuerda que son propiedad de Dios y que ten­drás que rendir cuentas por ellos.

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