Lunes 11 de Abril de 2022 | Matutina para Jóvenes | No le dispares al caballo

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No le dispares al caballo

«¡Desdichado de mí! ¿Quién me librará del poder de la muerte que está en mi cuerpo? Solamente Dios, a quien doy gracias por medio de nuestro Señor Jesucristo». Romanos 7: 24, 25

En Romanos 7, Pablo describe la triste realidad del ser humano. Luchamos contra el pecado que mora en nosotros, pero por nuestros propios esfuerzos nunca podremos vencerlo. Algunos denominan esta lucha «la batalla entre el viejo y el nuevo hombre». Es la batalla por hacer las cosas que se supone debe hacer un creyente y las cosas que no deben manifestarse más en la vida de un creyente. Pablo reconoció la naturaleza pecaminosa en su corazón, y cada vez que intentó luchar contra ella para tratar de vencerla por sus propios medios, no pudo, pues luchó en la carne por sí mismo, usando las armas equivocadas, apuntando a quien no tenía que apuntar.

Cuando los españoles conquistaron América, en un principio, durante las batallas, los nativos lanzaban sus flechas contra los caballos, no contra el jinete. Ellos pensaban que el enemigo era el caballo, aunque en realidad este era solo un medio de transporte. Algo similar ocurre cuando no nos damos cuenta de quién es el enemigo real en nuestra lucha espiritual. La lucha del cristiano no es contra personas ni contra objetos o cosas. A veces ni siquiera es contra sí mismo. La lucha es contra un enemigo espiritual y, sin lugar a duda, no podremos, por nuestra cuenta, deshacernos de él (ver Efesios 6: 12). Por eso, después de describir su situación, Pablo exclamó: «¡Desdichado de mí! ¿Quién me librará del poder de la muerte que está en mi cuerpo?».

Pablo combatió contra el desánimo, la desilusión, la desesperación, la depresión, la amargura, el orgullo, el sentido de culpabilidad, la inseguridad y la ansiedad, entre otros enemigos. Pero al final, reconoció que él solo no podía. ¿Qué nos hace pensar que hoy nosotros podremos por nuestra propia cuenta? Conociendo nuestra naturaleza humana, Pablo señala cuál es el secreto para alcanzar la victoria: «Solamente Dios, a quien doy gracias por medio de nuestro Señor Jesucristo». Así es, apreciado joven, solamente Dios puede ayudarnos en esta lucha contra nuestra propia naturaleza, y la mejor arma que él nos ha proporcionado es su Hijo Cristo Jesús.

Hoy @Dios te pregunta: «¿Sientes que estás perdiendo contra el pecado? Ven a mí, yo puedo darte la victoria por medio de mi Hijo Jesús. El éxito está asegurado».

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