Lunes 12 de Septiembre de 2022 | Matutina para Mujeres | Plan Z

Plan Z

“Y sabemos que Dios hace que todas las cosas cooperen para el bien de quienes lo aman y son llamados según el propósito que él tiene para ellos” (Rom. 8:28, NTV).

Las cosas no siempre salen como las planeamos. Si me hubieras preguntado a mis quince o 16 años dónde estaría hoy, estoy segura que te hubiera dicho: “Casada, con hijos y un par de perros”. Aunque estoy muy agradecida por mi vida, no se parece en nada al “plan A” que tenía en mente. ¡Las cosas no siempre salen como las planeamos! ¿Qué hacemos cuando la vida nos lleva por un camino inesperado?

En su libro It’s not supposed to be this way [No debería ser así], Lysa Terkeurst cuenta su historia. Luego de 25 años de casada, Lysa descubrió que su marido la estaba engañando y que era adicto a las drogas. Meses después, todavía en shock, Lysa fue diagnosticada con cáncer de mama. No sé cómo reaccionaría yo ante tanta pérdida y dolor, pero Lysa decidió confiar en que Dios aún estaba a su lado. Reflexionando acerca de esta etapa de su vida, Lysa escribe: “Me desilusiono cada vez que me encuentro cara a cara con mi absoluta incapacidad para controlar a las personas, las circunstancias y el momento en el que suceden”. ¡Qué reflexión tan profunda! Agregamos dolor a nuestras circunstancias cuando no estamos dispuestas a ceder el control, cuando nos aferramos a una imagen mental de cómo debería ser nuestra vida.

El apóstol Pablo escribe: “Y sabemos que Dios hace que todas las cosas cooperen para el bien de quienes lo aman y son llamados según el propósito que él tiene para ellos” (Rom. 8:28, NTV, énfasis agregado). ¡Todas las cosas! No algunas cosas, no solo el “plan A”. ¡Todas las cosas! Esto quiere decir que la soberanía de Dios se extiende incluso a nuestras tragedias. Dios puede hacer que aun las traiciones que sufrimos y las enfermedades que padecemos nos ayuden, que cooperen para nuestro bien. En medio del torbellino del dolor y la pérdida, podemos descansar en esta verdad: Dios sigue al control. Mi torbellino, por inmenso que sea, no ha arrancado su Trono de lugar. ¡Dios sigue al control!

Señor, gracias porque tú puedes redimir todo lo que me sucede. Gracias, porque nada te sorprende, nada te toma desprevenido. Tú sigues al control del universo y de mi vida.

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